Fuente: In Defence Of Marxism, 25 de Junio, 1998. Escrito con Alan Woods.
Hace ya casi siete años desde que George Bush, el entonces presidente de los EEUU, hizo su famoso discurso sobre el "Nuevo Orden Mundial". Esto fue en 1991. Durante la preparación de la Guerra del Golfo la principal potencia imperialista del planeta prometió un mundo sin guerras, sin dictaduras y, por supuesto, un mundo firmemente bajo el firme control de un sólo y todopoderoso policía mundial: EEUU. Después de la caída del estalinismo, el imperialismo estadounidense realmente pensaba que el mundo estaría bajo su control y serían capaces de dictar el destino de todos y cada uno de los países. Todos los conflictos en el mundo se iban a resolver a través del dialogo en una especie de "Pax Americana". Ahora todos estos sueños han quedado hecho añicos.
El aplastante dominio del imperialismo en la arena mundial, fortalecido después de la caída del estalinismo, ha significado un aumento de la explotación del Tercer Mundo en su conjunto. El de los países metropolitanos es, si cabe, mayor que en el pasado. La única diferencia es que el antiguo control directo burocrático militar por parte de dueños coloniales individuales se ha sustituido por la dominación colectiva del mundo colonial por parte de un puñado de estados explotadores ricos, a través del mecanismo del mercado mundial. Bajo la bandera de la "globalización" y de "abrir los mercados", el imperialismo ha impuesto una política de disminución de las barreras arancelarias y privatización de los servicios públicos en todo el Tercer Mundo. Estas políticas son el resultado de la crisis del capitalismo en Occidente que le obliga a buscar constantemente nuevos mercados y de inversión. Pero esto la bancarrota para las industrias locales de los países afectados que no pueden competir sin ayudas contra las grandes multinacionales. Esta situación ha tenido efectos totalmente desastrosos e imprevistos por el presidente Bush.
Como siempre, los estrategas de la burguesía son muy miopes. No entendieron lo que Trotsky explicó ya antes de la Segunda Guerra Mundial. Predijo que los Estados Unidos saldrían victoriosos de la guerra que se avecinaba, como consecuencia de ello dinamita en sus cimientos. Ahora vemos como se está cumpliendo esta predicción. El colapso de la URSS ha transformado las relaciones entre las potencias, colocando a EEUU como la única potencia mundial. Nunca antes en la historia de la humanidad un solo país ha tenido una dominación militar y económica tan aplastante. Pero una crisis tras otra ha puesto en evidencia que el imperialismo USA es un coloso con pies de barro. A pesar de su victoria militar en la Guerra del Golfo, fue incapaz de eliminar a Sadam Hussein. El intento de intervenir militarmente contra las milicias descalzas en Somalia acabó con una derrota humillante. Ahora la crisis en Asia y especialmente los acontecimientos en Indonesia han puesto firmemente la revolución en el orden del día. Hacia el sur, los EEUU se enfrentan a una crisis general en América Latina, con convulsiones sociales y políticas en México, una implacable guerra de guerrillas en Colombia y situaciones explosivas en Argentina y Brasil. Mire donde mire, el imperialismo de EEUU no puede ver ni un sólo régimen burgués estable. El mundo en su conjunto ha entrado en el período más convulsivo de los últimos cien años.
El peso de la deuda
La despiadada explotación del Tercer Mundo, intensificada después del colapso del estalinismo, una enorme transferencia de riqueza de estos países a los cofres de los grandes bancos y multinacionales. Esto se puede ver en el enorme peso de la deuda externa, que ha alcanzado tales niveles que, incluso antes de la reunión del G8 en Birmingham (mayo 1998), se habló de algunas iniciativas para aliviar la deuda de algunos de los países más endeudados. Al final no se tomó ninguna decisión. El Banco Mundial ha empezado un programa para Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC) con la intención de reducir el peso de la deuda de 41 países, que dedican más del 20% de sus ingresos por exportaciones a pagar el servicio de la deuda (sin hablar de pago real de la deuda).
Todos estos planes no surgen de la buena voluntad y las intenciones caritativas de los ejecutivos del Banco Mundial y el FMI. Hay tres motivos principales para estos planes. En primer lugar, es muy improbable que estos países vayan a poder pagar la deuda. Por lo tanto se trata de reconocer la realidad y hacer que los gobiernos occidentales paguen lo que se debe a los bancos prestadores con dinero de los contribuyentes. De esta manera los bancos nunca pierden. El principal objetivo de estas iniciativas de reducción de la deuda es, por una parte, asegurarse que los banqueros reciben su dinero y, por otra, elevar a estos países altamente endeudados hasta un punto en que sean capaces de poder pedir más créditos. En segundo lugar, la cantidad de la deuda de estos países altamente endeudados como porcentaje del total de la deuda de los países ex-coloniales es muy pequeña. Y en tercer lugar, estos planes van acompañados de un buen puñado de condiciones adicionales. Los países implicados tienen que aplicar las "recomendaciones" (es decir, órdenes) del FMI.
Los tristemente famosos Planes de Reajuste Estructural (PRE) del FMI se han aplicado durante bastante tiempo y sus consecuencias son de todos conocidas. Para dar un sólo ejemplo, Zambia era un país relativamente desarrollado, con escuelas y hospitales, un sistema educativo y una infraestructura moderna, construidos principalmente sobre la base de los ingresos de las minas de cobre. Una década de "Ajuste Estructural" ha conseguido disminuir la esperanza de vida de 54,4 años en 1991 a 42,6 años en 1997. La tasa de alfabetización está disminuyendo y, como resultado directo del aumento de las tasas hospitalarias, ahora hay una tasa de 203 muertes infantiles por cada 1.000 nacimientos comparado con 125 en 1991. El porcentaje de la población con acceso ha agua potable está disminuyendo y el 98,1% de la población vive con dos dólares diarios o menos. La deuda representa el 225% del PIB. Por lo tanto no es una sorpresa que se produjeran disturbios relacionados con la comida recientemente en Zambia y en otros países africanos como Zimbabwe y Tanzania.
La carga de la deuda de los países más pobres del mundo representa un 94% de su producción anual. Para los países elegidos para entrar en el programa de HIPC esta cifra alcanza el 125%. El porcentaje de la deuda con relación a los ingresos por exportaciones ha alcanzados niveles impensables: Somalia 3.671%, Guinea-Bissau 3.509%, Sudan 2.131%, Mozambique 1.411%, Etiopía 1.377%, Ruanda 1.374%, Burundi 1.131%. Y la situación lejos de mejorar está empeorando. En 1980 el total de la deuda de los países subdesarrollados era de 600.000 millones de dólares. En 1990 aumentó hasta 1,4 billones de dólares y en 1997 la cifra se disparó hasta 2,17 billones de dólares. Es importante tener en cuenta que en el período 1990-97, cuando el total de la deuda aumentó en 770.000 millones de dólares, estos países pagaron 1,83 billones de dólares sólo en el servicio de la deuda. Si comparamos los pagos por servicio de la deuda con la cantidad de dinero que estos países reciben como ayuda, la situación todavía es más escandalosa: por cada dólar que reciben en concepto de ayuda, pagan once dólares como servicio de la deuda.
Los efectos de esta situación son evidentes. El conjunto del áfrica subsahariana es una pesadilla. Según The Economist (6/6/98), "casi la mitad de los 760 millones de habitantes del continente son 'profundamente pobres’, sobreviven, según el ADB (Banco de Desarrollo Africano), con menos de 1 dolar al día. A pesar de señales esperanzadoras en algunas partes del continente, la media de crecimiento del PIB real cayó en 1997 un 3,7% con relación a un 5% en el año anterior. La recuperación africana todavía es frágil y tan vulnerable como siempre al cambio de los precios de los productos y el mal tiempo. La globalización del comercio mundial... podría empujar la economía del continente todavía más hacia el precipicio. Según el Banco Mundial, Africa atrajo sólo el 1,5% del total de la inversión extranjera directa del mundo en 1996. El mayor receptor, con el 32% del total, fue Nigeria, que aparte de tener mucho petróleo, no está reformando su economía de la manera que el Banco Mundial dice que es esencial para atraer inversión extranjera.”
El aumento de la pobreza entre la población en la mayoría de los países coloniales ha tenido como un aumento en la criminalidad, el mercado negro y la "economía sumergida". En algunos casos el mercado negro representa una proporción de la economía que el mercado oficial y se infiltra en todos los sectores del aparato del Estado. Estas fuerzas tratan de proteger sus intereses en el terreno político a través de los sectores fundamentalistas y "populistas". Son poderosas fuerzas económicas, que en muchos casos, tienen intereses que entran en conflicto con los del imperialismo. De esta manera, vemos como a todos los niveles, la decadencia del capitalismo mina las bases de la existencia humana civilizada para dos tercios del planeta. Como Lenin advirtió, la prolongación de la existencia del capitalismo significa "horror sin fin".
El papel de la clase obrera
Marx, Engels y Lenin siempre insistieron en el papel dirigente del proletariado en la revolución. Ellos explicaron que sólo la clase obrera puede llevar a cabo la revolución socialista. Ninguna otra clase puede cumplir ese papel. ¿Por qué? Esto no fue un capricho o una afirmación arbitraria. Se basa en el papel de los trabajadores en la producción y el hecho de que la participación en producción colectiva ("social") significa que sólo la clase obrera desarrolla una conciencia socialista (colectivista). Esto no sucede con ninguna otra clase. El campesinado es una clase de pequeños propietarios. Incluso los campesinos sin tierra, los proletarios rurales, frecuentemente aspiran a la posesión de la tierra; de ahí la consigna "la tierra para el que la trabaja" que, a pesar de su enorme significado revolucionario, tiene un contenido burgués, no socialista. Los estudiantes y los intelectuales tienen una fuerte tendencia hacia el individualismo pequeño-burgués, que frecuentemente se manifiesta incluso cuando adoptan una posición revolucionaria.
A través de la experiencia de su vida, el proletario aprende a comprender la organización y disciplina colectivas. Esto es el resultado de la dura escuela de la producción y la explotación capitalistas, que prepara al obrero para la lucha de clases. Las armas normales del proletariado son los métodos de la lucha de masas, la huelga, la huelga general, las manifestaciones de masas, que actúan como una escuela que lo prepara para la última tarea de tomar la gestión de la sociedad en sus propias manos. El movimiento obrero en todas partes es una escuela de democracia. Antes que los trabajadores tomen la decisión de ira a la huelga, hay una discusión democrática en la que se puede argumentar a favor o en contra. Pero después de la votación, los trabajadores actúan al unísono. Los que intentan desafiar las decisiones democráticas de los obreros y rompen la huelga son tratados tal y como se trata a los esquiroles. El piquete es la expresión concreta de la voluntad de la mayoría. En el transcurso de la huelga, los obreros participan, piensan y discuten. Todos los obreros saben que se aprende más en un día de huelga que en años de actividad "normal". En la práctica, cada huelga contiene elementos de una revolución, y una revolución es como una huelga a gran escala. Muchos de los procesos que ocurren en la clase son análogos, aunque por supuesto los dos son cualitativamente Pero en ambos casos, el elemento clave es la participación activa y consciente de la clase obrera, que empieza a tomar su destino en sus propias manos en lugar de dejar las decisiones importantes en manos de otra gente, como dirigentes sindicales, parlamentarios, concejales y burócratas. Esta es la esencia del socialismo, o más correctamente, del poder obrero.
El socialismo es democrático o no lo es. Desde el primer día de la revolución socialista, tiene que ser el régimen más democrático, un régimen que supondrá que, por primera vez, todas las tareas de la dirección de la industria, la sociedad y el estado estarán en manos de la mayoría de la sociedad, la clase obrera. A través de sus comités elegidos democráticamente (los soviets), directamente elegidos en los puestos de trabajo y sometidos a revocación inmediata en cualquier momento los obreros serán los amos y dueños de la sociedad no sólo en nombre sino de hecho. Esta fue la situación en Rusia después de la Revolución de Octubre. Recordemos que Lenin señaló cuatro condiciones básicas para un Estado Obrero, es decir, para el período transicional entre el capitalismo y el socialismo:
Sólo sobre estas bases la sociedad puede empezar a avanzar hacia el socialismo, el estadio más avanzado de la sociedad humana que Engels describió como el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad. Un proceso de este tipo requiere un alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Por eso Marx y Engels pensaron que la revolución socialista empezaría en Francia, continuaría en Alemania y concluiría en Inglaterra. En aquel entonces la clase obrera sólo existía en esos países. Marx y Engels, e incluso Lenin hasta 1917, ni siquiera consideraron la posibilidad de que la clase obrera llegase al poder en primer lugar en un país atrasado. El socialismo exige en sus comienzos un cierto nivel de desarrollo de la industria, la agricultura y la ciencia Sólo sobre esta base los obreros pueden tener el suficiente tiempo libre, reduciendo la jornada laboral para así poder participar en la dirección de la sociedad, la industria y el Estado.
Sin embargo, la situación se alteró radicalmente después de la muerte de Marx y Engels y el surgimiento del imperialismo, el estadio superior del capitalismo analizado en el famoso libro de Lenin del mismo nombre. Lenin explicó que una de las principales características del imperialismo es la exportación de capital de los países avanzados a las colonias y semi-colonias. Sobre la base de la ley del desarrollo desigual y combinado, se desarrolló una poderosa clase obrera en países atrasados como la Rusia zarista, un hecho que no cambió su carácter de país atrasado, semi-colonial y semi-feudal. El principal punto de polémica entre las diferentes tendencias en el movimiento obrero ruso antes de 1917 era precisamente el carácter de la revolución rusa, y la relación entre las clases en la revolución. Sin duda fue la teoría desarrollada por Trotsky la que anticipó y explicó lo que sucedió en realidad en 1917.
La revolución permanente
La teoría de la revolución permanente fue desarrollada en primer lugar por Trotsky ya en 1904. La teoría de la revolución permanente explicaba que, aún aceptando que las tareas objetivas a las que se enfrentaban los obreros rusos eran las de la revolución democrática burguesa, sin embargo, como en cualquier país atrasado en la época del imperialismo, la "burguesía nacional" estaba inseparablemente vinculada a los restos del feudalismo por una parte y al capital imperialista por la otra y por lo tanto era totalmente incapaz de llevar adelante ninguna de sus tareas históricas. Marx y Engels ya habían señalado la podredumbre de los liberales burgueses, y su papel contrarrevolucionario. En su artículo La burguesía y la contra-revolución (1848) Marx escribe:
"La burguesía alemana se desarrolló con tanta languidez, tan cobardemente y con tal lentitud, que, en el momento en que se opuso amenazadora al feudalismo y al absolutismo, se encontró con la amenazadora oposición del proletariado y de todas las capas de la población urbana cuyos intereses e ideas eran afines a los del proletariado. Y se vio hostigada no sólo por la clase que estaba detrás, sino por toda Europa que estaba delante de ella. La burguesía prusiana no era, como la burguesía francesa de 1789, la clase que representaba a toda la sociedad moderna frente a los representantes de la vieja sociedad: la monarquía y la nobleza. Descendió a la categoría de un estamento tan apartado de la corona como del pueblo, pretendiendo enfrentarse con ambos e indecisa frente a cada uno de sus adversarios por separado, pues siempre los había visto delante o detrás de sí misma; inclinada desde el primer instante a traicionar al pueblo y a pactar un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad, pues ella misma pertenecía ya a la vieja sociedad". (C. Marx, La burguesía y la contrarrevolución. En Obras Escogidas, vol. 1, p. 144.)
La burguesía, explica Marx, no llegó al poder como resultado de sus propios esfuerzos revolucionarios, sino como resultado del movimiento de las masas en el que no jugó ningún papel: "La burguesía prusiana fue lanzada a las cumbres del poder, pero no como ella quería, mediante un arreglo pacífico con la corona, sino gracias a una revolución". (C. Marx, La burguesía y la contrarrevolución. En Obras Escogidas, vol. 1, p. 141.)
Incluso en la época de la revolución democrático-burguesa en Europa, Marx y Engels desenmascararon sin piedad el papel cobarde y contra-revolucionario de la burguesía, y pusieron énfasis en la necesidad de que los trabajadores mantuvieran una política de completa independencia de clase, no sólo de los burgueses liberales, sino también de los demócratas pequeño-burgueses vacilantes:
"El partido proletario, o verdaderamente revolucionario", escribió Engels, "pudo ir sacando sólo muy poco a poco a las masas obreras de la influencia de los demócratas, a cuya zaga iban al comienzo de la revolución. Pero en el momento debido, la indecisión, la debilidad y la cobardía de los líderes democráticos hicieron el resto, y ahora puede decirse que uno de los resultados principales de las convulsiones de los últimos años es que dondequiera que la clase obrera está concentrada en algo así como masas considerables, se encuentra completamente libre de la influencia de los demócratas, que la condujeron en 1848 y 1849 a una serie interminable de errores y reveses". (F. Engels, Revolución y contrarrevolución en Alemania. En Obras Escogidas, vol. 1, p. 340.)
La situación hoy en día es todavía más clara. La burguesía nacional en los países coloniales entró en la escena de la historia demasiado tarde, cuando el mundo se había ya dividido entre unas pocas potencias imperialistas. No era capaz de jugar ningún papel progresista y nació completamente subordinada a sus antiguos amos coloniales. La burguesía débil y degenerada en Asia, América Latina y Africa es demasiado dependiente del capital extranjero y el imperialismo como para hace avanzar la sociedad. Está vinculada por mil hilos, no sólo al capital extranjero, sino también a la clase de los terratenientes, con la que forma un bloque reaccionario que representa un baluarte contra el progreso. Cualesquiera que sean las diferencias entre estos elementos, son insignificantes en comparación con el miedo que les une contra las masas. Sólo el proletariado, aliado con los campesinos pobres y los pobres de las ciudades, puede resolver los problemas de la sociedad, mediante la toma del poder en sus propias manos, expropiando a los imperialistas y a la burguesía y empezando la tarea de transformar la sociedad sobre lineas socialistas.
Poniéndose a la cabeza de la nación y dirigiendo a los sectores oprimidos de la sociedad (la pequeña burguesía urbana y rural), el proletariado podría tomar el poder y llevar adelante las tareas de la revolución democrática burguesa (principalmente la reforma agraria y la unificación y liberación del país de la dominación extranjera). Sin embargo, una vez en el poder, el proletariado no se detendría ahí sino que empezaría a implantar medidas socialistas de expropiación de los capitalistas. Y ya que estas tareas no se pueden resolver en un solo país, especialmente no en un país atrasado, esto sería el inicio de la revolución mundial. Así, la revolución es "permanente" en dos sentidos: porque empieza con las tareas burguesas y continúa con las socialistas, y porque empieza en un país y continúa a nivel internacional.
La teoría de la revolución permanente era la respuesta más completa a las posturas reformistas y de colaboración de clases del ala de derechas del movimiento obrero ruso, los mencheviques. La teoría de las dos etapas fue desarrollada por los mencheviques como perspectiva para la revolución rusa. Básicamente, afirma que, ya que las tareas de la revolución son las de la revolución democrático-nacional burguesa, la dirección de la revolución debe tomarla la burguesía democrático-nacional. Por su parte, Lenin estaba de acuerdo con Trotsky en que los liberales rusos no podían llevar adelante la revolución democrático burguesa, y que esa tarea sólo podía llevarla adelante el proletariado en alianza con el campesinado pobre. Siguiendo los pasos de Marx, que describió el "partido democrático" burgués como "más peligroso para los trabajadores que los anteriores liberales", Lenin explicó que la burguesía rusa, lejos de ser una aliado de los obreros, inevitablemente se pondría del lado de la contra-revolución.
"La burguesía en la masa", escribió en 1905, "inevitablemente girará hacia la contra-revolución y contra el pueblo tan pronto como sus estrechos y egoístas intereses sean satisfechos, y tan pronto como empiece a "recular respecto a la democracia consecuente (¡y ya está empezando a recular!)." (Lenin, Collected Works, vol. 9, p. 98.)
¿Qué clase, según Lenin, podía dirigir la revolución democrático-burguesa?. "Queda 'el pueblo', es decir, el proletariado y el campesinado. Sólo se puede confiar en el proletariado para ir hasta el final, porque va más allá de la revolución democrática. Por esto el proletariado combate en primera línea por una república y rechaza con desdén los consejos estúpidos y inútiles, para tener en cuenta la posibilidad de que la burguesía recule" (Ibid).
En todos los escritos y discursos de Lenin, se insiste una y otra vez en el papel contra-revolucionario de los liberales democrático burgueses. Sin embargo, hasta 1917, Lenin no pensaba que los obreros rusos fueran a llegar al poder antes que hubiera una revolución socialista en occidente, una perspectiva que sólo Trotsky defendía antes de 1917, cuando fue adoptada completamente por Lenin en sus Tesis de Abril. La corrección de la teoría de la revolución permanente quedó demostrada triunfalmente por la propia revolución de octubre. La clase obrera rusa tal y como Trotsky había predicho en 1904 llegó al poder antes que los obreros en Europa occidental. Ellos llevaron adelante todas las tareas de la revolución democrático-burguesa e inmediatamente empezaron a nacionalizar la industria pasando a las tareas de la revolución socialista. La burguesía jugó un papel abiertamente contra-revolucionario, pero fue derrotada por los obreros en alianza con los campesinos pobres. Los bolcheviques entonces hicieron un llamamiento a los obreros del mundo a seguir su ejemplo. Lenin sabía muy bien que sin la victoria de la revolución en los países capitalistas avanzados, especialmente Alemania, la revolución no podía sobrevivir aislada, especialmente en un país atrasado como Rusia. Lo que sucedió después demostró que esto era absolutamente correcto. La formación de la Tercera Internacional (Comunista), el partido mundial de la revolución socialista, fue la manifestación concreta de esta perspectiva.
Si la Internacional Comunista se hubiera mantenido firme en las posiciones de Lenin y Trotsky, la victoria de la revolución mundial hubiera estado asegurada. Desgraciadamente, los años formativos de la Comintern coincidieron con la contra-revolución estalinista en Rusia, que tuvo un efecto desastroso en los Partidos Comunistas de todo el mundo. La burocracia estalinista, después de tomar el control de la Unión Soviética, desarrolló un punto de vista muy conservador. La teoría de que el socialismo se puede construir en un sólo país, una abominación desde el punto de vista de Marx y Lenin, reflejaba realmente la mentalidad de la burocracia que ya había tenido bastante del estrés y la tensión de la revolución y buscaba tener éxito en la tarea de la "construcción del socialismo en Rusia". Es decir, querían proteger y expandir sus privilegios y no "desperdiciar" los recursos del país en la revolución mundial. Por otra parte también temían que la revolución en otros países se pudiera desarrollar en líneas sanas y convertirse en un desafío para su propia dominación en Rusia, y por lo tanto, llegados a cierto punto, empezaron a prevenir activamente la revolución en otros países.
En lugar de seguir una política revolucionaria basada en la independencia de clase, tal y como Lenin siempre había defendido, la burocracia estalinista propuso una alianza de los Partidos Comunistas con la "burguesía nacional progresista" (y si no había ninguna a mano, estaban dispuestos a inventársela) para llevar adelante la revolución democrática y luego, más adelante, en el futuro lejano, cuando el país hubiera desarrollado una economía capitalista desarrollada, luchar por el socialismo. Esta política representaba una ruptura radical con el Leninismo y una vuelta a la vieja postura desacreditada de los mencheviques, la teoría de las "dos etapas".
El papel de los PCs
Esta teoría jugó un papel criminal en el desarrollo de la revolución en el mundo colonial. En China, se forzó al joven partido comunista a entrar en las filas del Kuomintang nacionalista burgués que se encargó de liquidar físicamente al Partido Comunista, los sindicatos y los soviets campesinos en la revolución china de 1925-27. El motivo por el que la segunda revolución China tomó la forma de una guerra campesina en la que la clase obrera se mantuvo pasiva fue en gran medida determinada por el aplastamiento del proletariado chino como resultado de las políticas de Stalin, que fueron descritas por Trotsky como "una maliciosa caricatura de menchevismo". La aplicación de la teoría estalinista de las "dos etapas" al mundo colonial ha llevado a una catástrofe tras otra.
En Sudán y en Irak en los años 50 y 60 los partidos comunistas eran organizaciones de masas capaces de organizar manifestaciones de un millón de personas en Bagdad y dos millones en Khartúm. En lugar de seguir una política de independencia de clase y dirigir a los trabajadores y campesinos a la toma del poder, los PCs buscaron alianzas con la burguesía "progresista" y los sectores "progresistas" del ejército. Estos, una vez llegados al poder sobre las espaldas del Partido Comunista pasaron a eliminarlo mediante el asesinato y el encarcelamiento de sus militantes y dirigentes. En Sudán, el mismo proceso tuvo lugar no una sino dos veces. Sin embargo, incluso hoy en día, los dirigentes del Partido Comunista sudanés tienen una política de "alianza patriótica" con las guerrillas cristianas en el sur (ahora apoyadas por el imperialismo estadounidense) y la burguesía "progresista" del norte contra el régimen fundamentalista. Estos dirigentes que se hacen llamar "comunistas" son como los Borbones de antaño que "no olvidan nada y no aprenden nada". Sus políticas son una receta acabada para la derrota sangrienta una y otra vez.
El ejemplo más trágico de las consecuencias desastrosas de la teoría de las dos etapas es Indonesia. En los años 60 el Partido Comunista era la principal fuerza de masas en el país. Era el mayor Partido Comunista del mundo capitalista, con 3 millones de miembros, y otros 10 millones afiliados a sus organizaciones sindicales y campesinas e incluso decía tener el apoyo del 40% de las fuerzas armadas (incluyendo a sectores de los oficiales). ¡Los bolcheviques rusos no tenían un apoyo organizado tan grande ni siquiera en el momento de la Revolución de Octubre! El PC indonesio pudo tomar el poder fácilmente y empezar la transformación socialista de la sociedad lo cual habría tenido un enorme efecto en todo el mundo colonial, desencadenando una cadena de revoluciones en toda Asia. En lugar de eso, los dirigentes del PC (bajo el control de los maoístas chinos) tenían una alianza con Sukarno, un dirigente nacionalista burgués que en aquel momento había adoptado una fraseología de "izquierdas". Esta política dejó al partido comunista totalmente indefenso cuando la burguesía (bajo instrucciones directas de la CIA) organizó una masacre de militantes y simpatizantes del Partido Comunista en el que perecieron por lo menos un millón y medio de personas.
A pesar de todas las derrotas y pasos atrás, los obreros y campesinos inevitablemente tomarán el camino de la lucha una y otra vez. Los recientes acontecimientos en Indonesia son una ejemplo gráfico de esto. Esto es un anticipo de lo que pasará en un país asiático tras otro. Y esto es sólo el principio de un proceso revolucionario que se desarrollará en un período de años. Si existiera un partido auténticamente leninista este podría acabar en una revolución proletaria en líneas clásicas. La cuestión del guerrillerismo o del bonapartismo proletario no se plantearía. Aquí, como siempre, el factor subjetivo es decisivo. Desgraciadamente las direcciones de los partidos comunistas en estos países están repitiendo todos los mismos errores del pasado que llevaron a la derrota y a la masacre. Aunque Japón no es un país colonial, vale la pena tener en cuenta el crecimiento espectacular del Partido Comunista Japonés como resultado de la crisis económica del país. El PCJ se ha convertido en el primer partido del país en número de concejales, es el segundo partido en la Asamblea Metropolitana de Tokio y su periódico diario tiene una circulación de 2,3 millones de ejemplares.
La ola de radicalización que está recorriendo Asia también ha afectado a la clase obrera japonesa. Las celebraciones del 1º de Mayo de este año en Japón fueron las mayores en años. Más de dos millones de obreros participaron en manifestaciones en todo el país. Este es un ejemplo claro de como la conciencia puede cambiar a la velocidad de la luz cuando cambian las condiciones. Pero desgraciadamente, las políticas de la dirección del PCJ están completamente alejadas de las tareas reales a las que se enfrenta la clase obrera japonesa. Según Kimitoshi Morihara, el Vicepresidente del Departamento Internacional del PCJ, "nosotros trabajamos por el establecimiento de un gobierno democrático que busque resolver estos problemas, dentro del marco del capitalismo, para principios del próximo siglo”: (entrevista en GreenLeft Weekly, no. 317). Parece que incluso han perfeccionado la vieja política estalinista de las dos etapas añadiendo otra etapa extra. Esta es la "perspectiva para el progreso social en Japón: gobierno de coalición democrática, revolución democrática y revolución socialista" (ibid). Esto es todavía más sorprendente ya que, siendo Japón la segunda potencia industrial del mundo, se podría suponer que no necesita precisamente una "revolución democrática". Parece que cualquier excusa es buena para quitar la revolución socialista del orden del día.
Durante décadas, la clase obrera de los países coloniales y ex-coloniales ha demostrado su enorme coraje y potencial revolucionario. Una y otra vez se ha puesto en movimiento para realizar la transformación revolucionaria de la sociedad. En Irak, Sudán, Irán, Chile, Argentina, India, Pakistán e Indonesia, los obreros han demostrado su voluntad de adueñarse de la sociedad. Si no lo han conseguido no ha sido porque no era posible, sino porque les faltaba el requisito indispensable para la toma del poder. En todos los casos se han estrellado contra una pared de ladrillos porque los partidos y los dirigentes en los que habían puesto su confianza para dirigirlos a la transformación socialista de la sociedad se han convertido en obstáculos gigantescos.
Para tomar el poder no es suficiente con que los obreros estén dispuestos a luchar. De ser así la clase obrera ya habría tomado el poder en todos estos países hace tiempo. Hubiera sido fácil, ya que tenían una situación mucho más fuerte que la de los obreros rusos en 1917. Pero no tomaron el poder. ¿Porqué? Porque la clase obrera necesita un partido y una dirección. Negar este hecho elemental es simplemente anarquismo infantilismo. Marx explicó hace tiempo que, sin organización, la clase obrera no es más que materia prima para la explotación. A pesar de su fuerza numérica y su papel clave en la producción, el proletariado no puede transformar la sociedad a no ser que se convierta en una clase "en sí y para sí" con la necesaria conciencia, perspectivas y comprensión. Esperar hasta que la clase en su conjunto posea la comprensión necesaria de todo lo que se necesita para la toma del poder es una idea utópica y que en la práctica significa posponer la revolución indefinidamente. Es necesario organizar a los sectores más avanzados de la clase, educar a los cuadros, imbuirles con la perspectiva de la revolución, no sólo a escala nacional sino también a escala internacional, integrarlos con las masas a todos los niveles, y preparar pacientemente para el momento en que las luchas parciales de las masas se combinen en una ofensiva revolucionaria general.
Sin un partido revolucionario, la fuerza potencial del proletariado seguirá siendo sólo eso, un potencial. La relación entre la clase y el partido es similar a la que existe entre el vapor y la caja de pistones. Pero incluso la existencia del partido no es suficiente para asegurar el éxito. El partido tiene que estar dirigido por hombres y mujeres equipados con la comprensión necesaria de las tareas de la revolución, de táctica, estrategia y perspectivas, no sólo de las perspectivas nacionales sino también internacionales. La situación objetiva en Indonesia en 1964-65 no podía haber sido más favorable. Las masas habían derrotado al imperialismo holandés. El Partido Comunista tenía el apoyo de la aplastante mayoría de la clase obrera y el campesinado. Pero una política y perspectivas falsas fueron suficientes como para arruinar totalmente la revolución. Si la revolución de Octubre demuestra la corrección de la teoría de la revolución permanente en un sentido positivo, la catástrofe en Indonesia no da una prueba negativa de la manera más terrible.
La manera peculiar y distorsionada en que se ha desarrollado la revolución colonial desde 1945 no es sólo el resultado del atraso, o del retraso de la revolución socialista en los países capitalistas avanzados. No fue algo inevitable y determinado por adelantado por las leyes de la historia. Por encima de todo fue el resultado de la ausencia del factor subjetivo, de un auténtico partido y una dirección revolucionarios que dieran un carácter y una dirección totalmente diferentes a la revolución. Objetivamente hablando, nada impedía a la revolución china, por ejemplo, jugar el mismo papel que la revolución rusa de 1917, con la condición de que los dirigentes comunistas chinos hubieran actuado como Lenin y Trotsky. Pero los dirigentes estalinistas temían al movimiento independiente de la clase obrera e hicieron todo lo que estaba en sus manos para impedirlo. La manera peculiar en la que se desarrolló la revolución china en 1949, como una revolución distorsionada a imagen de la Rusia de Stalin, significó que tenía poco atractivo para los obreros de los países avanzados, aunque dio un importante estímulo a las revolución en Asia, áfrica y América Latina. La mismo es cierto de los demás regímenes de bonapartismo proletario que surgieron más tarde. Aunque indudablemente representaban un paso adelante, en realidad eran una aberración y se alejaban de la norma de la revolución proletaria establecida por Lenin y convertida en realidad en Octubre de 1917. Hay que tener en cuenta este hecho si queremos entender el significado real de la revolución colonial después de 1945.
La Revolución China
De vez en cuando es necesario hacer un balance de nuestras ideas y posiciones teóricas. ¿Cómo se desarrollaron en la práctica en los últimos 50 años? Si hay una contribución importante de nuestra tendencia al marxismo, es nuestro análisis de la revolución colonial y el desarrollo del bonapartismo proletario, empezando por nuestro análisis de la revolución china después de 1945. Fue precisamente el impás del capitalismo en estos países y las necesidades urgentes de las masas de encontrar una salida lo que dio lugar al fenómeno del bonapartismo proletario. Esto fue debido a toda una serie de factores. En primer lugar, el total impás de la sociedad en los países atrasados y la incapacidad de la burguesía colonial de dar ninguna salida. En segundo lugar la incapacidad del imperialismo de mantener su control mediante los viejos métodos de dominación burocrático militar directa del pasado. En tercer lugar el retraso de la revolución proletaria en los países capitalistas avanzados y la debilidad del factor subjetivo. Y finalmente, la existencia de un fuerte régimen de bonapartismo proletario en la Unión Soviética.
La victoria de la URSS en la Segunda Guerra mundial, y el fortalecimiento del estalinismo después de la guerra con su extensión a Europa del Este y la victoria de la revolución china fueron todos ellos factores que se combinaron para condicionar el desarrollo del bonapartismo proletario como una variante peculiar de la revolución permanente que sólo nuestra tendencia entendió. Este era un fenómeno totalmente sin precedentes e imprevisto. En ninguna parte de los escritos de los clásicos del marxismo se considera ni siquiera como una posibilidad teórica el que una guerra campesina pueda llevara al establecimiento ni siquiera de un estado obrero deformado. Sin embargo eso es precisamente lo que sucedió en China, y más tarde en Cuba y Vietnam.
Nosotros caracterizamos la revolución china como el segundo acontecimiento más importante en la historia, después de la revolución rusa de 1917. Tuvo un efecto enorme en el desarrollo posterior de la revolución colonial. Pero esta revolución no se desarrolló en las lineas clásicas de la revolución de octubre de 1917 o de la revolución china de 1925-27. La clase obrera no jugó ningún papel importante. Mao llegó al poder sobre la base de una poderosa guerra campesina, en la tradición china. La única manera en que Mao pudo ganar la guerra civil de 1944-49 fue ofreciendo un programa de liberación social a los ejércitos campesinos de Chiang Kai-shek, que estaba armado y respaldado por el imperialismo americano. Pero los dirigentes estalinistas del Ejército Rojo campesino no tenían la perspectiva de dirigir a los obreros al poder como hicieron Lenin y Trotsky en 1917. Cuando los ejércitos campesinos de Mao llegaron a las ciudades, y los obreros espontáneamente ocuparon las fábricas y recibieron a los ejércitos de Mao con banderas rojas, Mao dio la orden de suprimir estas manifestaciones y los obreros fueron fusilados.
Inicialmente, Mao no tenía la intención de expropiar a los capitalista chinos. Sus perspectiva para la revolución china fueron explicadas en un folleto llamado "Nueva Democracia", en el que él escribió que la revolución socialista no estaba en el orden del día en China, y que el único proceso que podría ocurrir sería el de economía mixta, es decir, capitalismo. Esta era la clásica teoría menchevique de las "dos etapas" y adoptada por la burocracia estalinista que, llevó a la derrota de la revolución china de 1925-27. Pero nuestra tendencia comprendió que en las condiciones concretas que se habían desarrollado, Mao se vería obligado a expropiar a los capitalistas.
No sólo eso, sino que también predijimos por adelantado el hecho de que Mao se vería obligado a romper con Stalin. Ya en 1949 escribimos: "El hecho de que Mao tenga una auténtica base independiente del Ejército Rojo ruso, lo más probable es que por primera proporcionará al estalinismo chino una base independiente y que no tenga que apoyarse directamente en Moscú. Al igual que con Tito, con Mao, a pesar del papel del Ejército Rojo en Manchuria, el estalinismo chino está construyendo una base independiente. Debido a las aspiraciones nacionales de las masas chinas, la lucha tradicional contra la dominación extranjera, las necesidades económicas del país, y por encima de todo, la poderosa base en un aparato del estado independiente, el peligro de un nuevo y auténticamente formidable Tito en China es un factor que causa ansiedad en Moscú. (...)
"Sin embargo, la subordinación de la economía china al beneficio de la burocracia rusa que trata de poner a sus títeres al control para que estén completamente subordinados a Moscú, en otras palabras, la opresión nacional de los chinos, creará las bases para un enfrentamiento con el Kremlin de magnitud e importancia. Mao, con un aparato estatal independiente y poderoso, con la posibilidad de maniobrar con los imperialistas occidentales (que tratarán de negociar con China a cambio de comercio tratando de meter una cuña entre Pekín y Moscú) y con el apoyo de las masas chinas como el dirigente victorioso contra el Kuomintang, tendría importantes punto de apoyo contra el Moscú.
"Los propios intentos de Stalin para tratar de desactivar estos acontecimientos tenderán a acelerar e intensificar el resentimiento y el odio." ("Reply to David James", republicado en E. Grant, The Unbroken Thread, p. 304.)
Estas líneas fueron escritas más de una década antes del estallido del conflicto chino-soviético, cuando las burocracias china y soviética parecían inseparables.
La victoria de los ejércitos campesinos de Mao se debió a toda una serie de factores: el impás total del capitalismo y el feudalismo chinos, la incapacidad del imperialismo para intervenir debido al cansancio de las tropas imperialistas después de la Segunda Guerra Mundial y también debido al enorme poder de atracción de la economía nacionalizada y planificada en la Rusia estalinista que había demostrado su superioridad durante la guerra contra la Alemania de Hitler.
El hecho de utilizar al campesinado para llevar adelante una revolución social fue un acontecimiento totalmente nuevo en la historia de China. China es el país clásico de las guerras campesinas, que se desencadenaban a intervalos regulares. Pero incluso cuando estas guerras resultaban victoriosas simplemente tenían como resultado la fusión de los elementos dirigentes de los ejércitos campesinos con la élite en las ciudades, dando lugar a la formación de una nueva dinastía. Era un círculo vicioso que caracterizó la historia de China durante más de 2.000 años. Pero aquí la situación cambiaba totalmente. El ejército campesino dirigido por Mao fue capaz de aplastar el capitalismo y crear una sociedad a imagen y semejanza al Moscú de Stalin. Por supuesto, con esos medios no se podía establecer en absoluto un estado obrero sano como el que se estableció en Rusia en noviembre de 1917. Para eso se hubiera necesitado la participación activa y la dirección de la clase obrera. Pero un ejército campesino, sin la dirección de la clase obrera, es el instrumento clásico del bonapartismo, no del poder obrero. La revolución china de 1949 empezó dónde la revolución rusa había terminado. No se planteaba la cuestión de soviets o democracia obrera. Desde el principio fue un estado obrero monstruosamente deformado. Nuestra tendencia subrayó que a escala mundial la única clase que puede llevar al triunfo del socialismo es el proletariado.
Una vez que Mao hubo tomado el poder y creado un aparato estatal sobre la base de la jerarquía del Ejército Rojo, no tenía ninguna necesidad de aliarse con la burguesía. De manera típicamente bonapartista se balanceó entre diferentes clases. Se apoyó en el campesinado y hasta cierto punto en la clase obrera para expropiar a los capitalistas, pero en cuanto estos fueron derrotados entonces pasó a eliminar cualquier elemento de democracia obrera que hubiera podido existir. Este fenómeno fue posible precisamente por el atraso de la revolución mundial y el impás de la sociedad. Mao disponía del ejemplo poderoso del estalinismo en Rusia, dónde una fuerte burocracia estaba parasitando la economía planificada y beneficiando de ella, así que decidió seguir el mismo modelo. A pesar de su carácter monstruosamente deformado, la revolución china sin embargo representó un gigantesco paso hacia adelante para los cientos de millones de personas que hasta ese momento habían sido las bestias de carga del imperialismo.
Bonapartismo proletario
A la hora de entender los procesos que tuvieron lugar en la revolución colonial en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, nosotros nos basamos como punto de partida en la teoría de la revolución permanente de Trotsky, que como hemos visto, ha sido brillantemente confirmada por la historia. Pero en la práctica las teorías no se aplican necesariamente de manera destilada y químicamente puras. Se pueden dar todo tipo de variantes peculiares, distorsiones y desviaciones respecto a la norma. Esto se puede ver en todo tipo de ejemplos.
El período clásico de la revolución democrático burguesa empezó hace doscientos o trescientos años con las revoluciones en Holanda, Inglaterra y Francia. Marx tomó la Revolución Francesa de 1789-93 como su modelo de revolución democrático burguesa en el sentido político (mientras que Inglaterra era el modelo económico). Pero siempre se dieron excepciones de la norma clásica, por ejemplo Alemania, dónde las tareas básicas de la revolución democrático-burguesa las llevó a cabo de manera peculiar, desde arriba, el viejo estado feudal junker bajo Bismarck. Por supuesto que se dieron muchas contradicciones y permanecieron elementos del feudalismo que sólo fueron apartados por la revolución de noviembre de 1918, una revolución proletaria derrotada, en la que los obreros derrocaron al viejo estado, y entonces los dirigentes socialdemócratas entregaron el poder a la burguesía. De manera similar en Japón, fue el viejo estado feudal el que empezó el proceso de la revolución democrático-burguesa en los años 60 del siglo pasado, bajo la presión de fuerzas externas, y el proceso sólo se completó por las fuerzas de ocupación americanas después de 1945 en un intento de prevenir la revolución en Japón.
El fenómeno del bonapartismo proletario guarda una relación similar a la teoría de la revolución permanente a la que los procesos que se dieron en Alemania y Japón guardan en relación a la norma clásica de la revolución democrático-burguesa, es decir, son aberraciones que surgieron de una concatenación específica de circunstancias históricas. Este fenómeno sólo se puede entender sobre la base del impás total de estas sociedades y el retraso de la revolución en occidente. Las masas de los países coloniales no podían esperar más. Esta es la explicación fundamental. Pero también tenemos que tener en cuenta las peculiaridades específicas de los países coloniales y ex-coloniales, que los hacen diferentes de los países avanzados del capitalismo, y por lo tanto permiten ciertas variantes peculiares no previstas por los clásicos del marxismo. Nos referimos específicamente al Estado.
El marxismo sería un tema muy simple si se tratara simplemente de aprenderse de memoria las fórmulas elementales que se exponen en los textos clásicos y aplicarlas sin pensar y de manera mecánica a todas y cada una de las situaciones. El método dialéctico exige que partamos de la consideración objetiva de un fenómeno dado, tomando cada caso de manera concreta y analizándolo desde todos los puntos de vista. Un análisis serio de los estados coloniales y ex-coloniales revela profundas diferencias con el tipo de estado que existe en las naciones capitalistas desarrolladas y que fue el modelo básico de las obras clásicas de Engels y Lenin. En los países capitalistas avanzados el estado ha sido creado y perfeccionado por la burguesía como instrumento para su dominación. El personal de estos estados a todos los niveles se compone de representantes leales educados y formados para servir sus intereses. Por encima de todo, estos países industriales avanzados podían desarrollar las fuerzas productivas. Pero los recién creados estados en estos países eran completamente diferentes de los que la burguesía había creado y desarrollado durante generaciones en occidente. En países como Siria y Birmania estas sociedades estaban en un impás, no podían desarrollar las fuerzas productivas y se agitaban en convulsiones constantes.
Es una proposición elemental del marxismo que el Estado no es una fuerza independiente, que debe reflejar los intereses de un grupo dentro de la sociedad. En tiempos normales refleja la posición de la clase dominante. Pero en períodos de crisis e inestabilidad social, el Estado y el ejército están divididos en numerosas fracciones. Los estados que se crearon a causa de la retirada del imperialismo, aunque burgueses en su carácter, eran extremadamente débiles. En estos países, Birmania, Siria, Angola. Mozambique, Etiopía, Somalia, Afganistán, y otros países que fueron hacia el bonapartismo proletario, el Estado estaba sujeto a golpes de estado y crisis continuas. Con el impás completo del régimen y el retraso de la revolución en occidente, el ejemplo del estalinismo, que en esa etapa estaba desarrollando las fuerzas productivas, se convirtió en una fuerza de atracción irresistible para ciertos sectores del aparato del estado.
El ejemplo de China reforzó la atracción hacia el estalinismo como una solución no sólo para las masas de campesinos pobres en los países ex coloniales, sino también para sectores del aparato del estado. Toda una serie de estados que se encontraban en una situación de colapso y desintegración se encaminaron en la dirección del bonapartismo proletario. Sectores de la casta de oficiales se apoyaron en la clase obrera y los campesinos para llevar adelante una revolución y derrocar el capitalismo y el feudalismo. Estos sectores veían el estalinismo como un régimen que hacía avanzar la sociedad, pero al mismo tiempo permitía la existencia de una casta burocrática que tenía privilegios y gobernaba la sociedad. Este proceso se dio especialmente en los países más atrasados en el mundo colonial, como Etiopía, Angola, Afganistán, etc., dónde el proletariado era (y todavía es) muy débil o prácticamente inexistente.
Otro factor importante en el movimiento hacia el bonapartismo proletario en todos estos países fue la tendencia mundial hacia la estatalización. Ya Engels se refirió a este fenómeno con la frase "la economía socialista invasora”, y Lenin lo describió como “capitalismo monopolista de estado”. La prueba de que la propiedad privada de los medios de producción ha alcanzado sus límites se expresa en el hecho de que en todos los países capitalistas sectores importantes de la economía están en manos del estado, aunque, por supuesto, los elementos clave, los sectores más rentables siguen en manos privadas. El sector estatal no jugaba un papel independiente sino que era simplemente el sirviente del sector privado, proporcionando a los capitalistas acero barato, electricidad barata, carbón barato, etc.
Los mismos procesos afectaron al tercer mundo, no sólo en los regímenes de bonapartismo proletario, sino incluso en los estados burgueses relativamente más desarrollados como Argentina, México, India, etc. Muchos de estos dirigentes burgueses se describían a sí mismos como "socialistas" (Naser en Egipto, Nyerere en Tanzania, Nehru en la India, y Nkrumah en Ghana) y nacionalizaron sectores importantes de la economía. En casos como Siria, Etiopía y otros, una sección de la casta de oficiales llevó el proceso hasta el final, apoyándose en la clase obrera para expropiar a la burguesía completamente. Ellos establecieron regímenes a imagen y semejanza de los regímenes de Moscú y Pekín, en los que el capitalismo fue abolido pero los trabajadores fueron sometidos a una nueva tiranía en la forma de regímenes totalitarios burocráticos de partido único. Por supuesto, este tipo de regímenes no tenían nada en común con el socialismo o ni siquiera con un estado obrero sano. En todos los casos en que las tareas históricas de una clase las ha llevado a cabo de manera distorsionada otra clase, siempre hay un precio a pagar. Nosotros explicamos que, para avanzar en dirección hacia el socialismo, sería necesaria una nueva revolución. No una revolución socialista para establecer nuevas formas de propiedad (ya que esta ya se había llevado a cabo), sino una revolución política contra la casta burocrática dirigente para establecer un auténtico régimen de democracia obrera. Sin embargo, la abolición del feudalismo y el capitalismo en estos países representó un paso adelante y un golpe contra el imperialismo y, como tal, los marxistas le dieron la bienvenida.
En la mayoría, por no decir en todos estos casos, ni Moscú ni Pekín jugaron ningún papel. A menudo, se opusieron al derrocamiento del capitalismo, e hicieron todo lo posible por impedirlo. El PC cubano apoyó a Batista contra Castro. Más tarde, las burocracias rusa y cubana presionaron a los Sandinistas para que no llevaran a cabo la expropiación del capitalismo en Nicaragua. Por supuesto que, en aquellos sitios en los que los procesos se dieron de todas maneras, se aprovecharon para mejorar su propia posición en relación al imperialismo USA. Esta fue también la situación en Afganistán, donde los oficiales estalinistas del ejército llevaron adelante la revolución por arriba, sin consultar a Moscú. la burocracia rusa tenía muy buenas relaciones con el régimen burgués de Doud en Kabul, y estaba incluso dispuesta a sacrificar el PC ante éste. Pero cuando la revolución se convirtió en un hecho, tuvieron que aceptarla.
Los imperialistas respondieron a la revolución en Afganistán armando y financiando a grupos de bandidos y lúmpenes que organizaron una guerra contra el nuevo régimen. Si éste hubiera seguido la misma política que los bolcheviques, basándose en las masas en la lucha contra el imperialismo y la reacción, quizás hubieran ganado, aunque hay que admitir que en condiciones de un atraso tan terrible incluso un estado obrero sano se hubiera enfrentado a enormes dificultades. Hubiera sido necesario proceder gradualmente con mucha cautela, especialmente en la cuestión de la religión. Pero el intento de introducir clandestinamente el cambio por arriba, de manera burocrática y reforzado por la invasión rusa y las monstruosas purgas y luchas internas que se dieron como resultado, debilitaron fatalmente a la revolución enfrentada al ataque combinado de las fuerzas contra-revolucionarias apoyadas por EEUU y Pakistán.
Un proceso similar se dio en Africa, dónde los imperialistas utilizaron los servicios de Sudáfrica para derrocar los regímenes de bonapartismo proletario en Angola y Mozambique. Al igual que en Afganistán, armaron y financiaron un ejército mercenario de bandidos y degolladores. Este no era una lucha política, sino simplemente la movilización de las fuerzas de la oscuridad para asesinar, arrasar, violar y asaltar. El imperialismo no podía tolerar la existencia ni siquiera de estados obreros deformados en el corazón de áfrica por el ejemplo que representarían para Sudáfrica. Antes que permitir su existencia prefirieron hundir Angola, Mozambique y Afganistán en la barbarie.
¿Es posible el surgimiento de nuevos regímenes de bonapartismo proletario?
Basándonos en este análisis, ¿cuales son en la actualidad las posibilidades para la formación de nuevos regímenes de bonapartismo proletario? Para poder responder a esta pregunta tenemos que empezar por tratar las perspectivas generales a nivel internacional. La tendencia mundial hacia la intervención del estado en la economía se convirtió en su contrario después de la recesión de 1974 y especialmente desde los procesos de privatizaciones iniciados por Thatcher en los años 80. Esto es un reflejo del impás del capitalismo a escala mundial y de la bancarrota del viejo modelo keynesiano. Los países coloniales se han visto obligados en gran medida a través de los dictados del FMI y el Banco Mundial a "abrir" sus mercados y a privatizar las industrias nacionalizadas. Esto en realidad representa un saqueo del estado que va a tener consecuencias de largo alcance en el próximo periodo. Lejos de ser un paso adelante, como tratan de hacernos creer, es una expresión de la crisis del capitalismo. Han creado todo un nuevo lenguaje ("liberalización", "apertura de los mercados", "libre mercado", etc.) para encubrir lo que realmente es una destrucción masiva de fuerzas productivas y empleos. Esto nos recuerda a la "Novo Lengua" de la novela de Orwell 1984, en la que el Ministerio de la Abundancia organiza el racionamiento, el Ministerio de la Paz es en realidad el ministerio de la guerra y el Ministerio del Amor es la policía Secreta.
Los defensores del "libre mercado" se olvidan convenientemente que el capitalismo se desarrolló precisamente sobre la base de altos aranceles y proteccionismo. En su primera fase el capitalismo británico se atrincheró detrás de altas barreras comerciales para defender sus propias industrias nacionales nacientes. Sólo cuando su industria fue lo suficientemente fuerte, la burguesía británica se convirtió en una ferviente defensora del "principio" del libre mercado. Lo mismo se puede decir de Francia, Alemania, EEUU, Japón y todos los demás que ahora predican sobre las virtudes del libre comercio a las naciones de Africa, Asia y América latina. Pero este proceso crea nuevas contradicciones. Sectores del aparato del estado y la burguesía nacional ven como este proceso recorta su parte del pastel y también temen que pueda provocar una explosión de las masas. Esto lleva a que algunos de ellos se opongan (por lo menos de palabra) al imperialismo, por miedo a perder su posición, incluso sus cabezas.
Este es el caso de la Junta militar en Nigeria que se ha opuesto a algunos de los planes de privatización del FMI. Sectores del partido gobernante en México (PRI) están empezando ha hacer ruido contra el "neoliberalismo" porque ven como mina su base tradicional de control burocrático en la sociedad. Incluso, Mobutu, el fallecido dictador del Zaire, se opuso a las privatizaciones en sus últimos días en el poder, una política que obviamente no estaba dictada por ningún deseo de aliviar la carga sobre las espaldas de la población, sino por el deseo de defender sus propios intereses creados. Como resultado de la crisis en el Sudeste Asiático ya podemos ver el surgimiento de actitudes proteccionistas y anti-occidentales en algunos de estos países. Esto se da en Corea del Sur e incluso por parte de Suharto que en sus últimos días, al igual que Mobutu, entró en conflicto con el FMI. Lo mismo se puede decir de la demagogia "antiimperialista" de Mohathir en Malasia. Esto no es un accidente. Desde el colapso en Asia, los imperialistas se han movido rápidamente para comprar propiedades a precios de saldo y forzar a las economías asiáticas a aceptar una dependencia incluso más humillante que antes. Estos son sólo algunos indicios del hecho de que la explotación salvaje del Tercer mundo a través del FMI y el Banco Mundial está preparando una enorme reacción contra las políticas de privatización, "globalización" y demás. Incluso en Occidente podemos ver el inicio de un movimiento de masas contra los recortes en el Estado del bienestar y las privatizaciones. En el próximo período veremos un giro masivo en dirección contraria, especialmente con la recesión económica mundial que se avecina.
Es necesario tener una comprensión dialéctica del proceso, no aceptarlo simplemente como algo fijo que se va a mantener igual indefinidamente. Es precisamente el empirismo de la burguesía y sus estrategas lo que les impide ver los procesos reales y les obliga a ir dando tumbos por un camino que inevitablemente lleva al desastre. Tratando de buscar beneficios a corto plazo, están llevando a las masas en Asia, y en el mundo ex-colonial en general, a los límites de su resistencia. Llegará un punto en que todo el proceso que hemos visto en la última década más o menos, se convertirá en su contrario. Por lo tanto podemos llegar a la conclusión de que en el próximo período, debido al impás del capitalismo en los países coloniales, a la reacción contra las privatizaciones y a las necesidades acuciantes de las masas en estos países, veremos nuevos movimientos hacia el bonapartismo proletario. Esto se dará especialmente en los países más débiles del mundo colonial. El desenlace del proceso de restauración capitalista en Rusia y en China, por supuesto, tendrá un efecto enorme sobre estos procesos, en uno u otro sentido. Pero esto es una discusión aparte. Baste con decir que, en el caso de una recesión profunda a escala mundial, los planes para la restauración capitalista en estos países inevitablemente volverán a ponerse en duda. Es totalmente posible que el primer candidato para una vuelta atrás de estos procesos hacia alguna forma de bonapartismo proletario sea la propia Rusia. Esa perspectiva depende del desarrollo de los acontecimientos en Rusia y a escala mundial. Tenemos que estar preparados para todas las posibilidades al mismo tiempo que luchamos por la causa del poder obrero, para que los acontecimientos no nos pillen por sorpresa.
La Revolución Cubana
La extensión del bonapartismo proletario en el mundo colonial plantea otra cuestión, el papel del campesinado en la revolución. Durante todo un período pareció como si el análisis clásico del marxismo en relación al papel dirigente del proletariado en la revolución hubiera sido falsificado por la historia. Prácticamente todas las demás tendencias con la excepción de la nuestra adoptaron las nuevas teorías de la guerra de guerrillas. Fuimos los únicos que explicamos que ninguna otra clase aparte del proletariado puede dirigir el establecimiento de un estado obrero sano.
Tal y como hemos señalado, en ninguna parte de los escritos de Marx, Engels, Lenin o Trotsky se puede encontrar la menor referencia a la posibilidad que el campesinado pueda llevar a cabo la revolución socialista. El motivo es la extrema heterogeneidad del campesinado como clase. Está dividido en muchas capas, desde los jornaleros sin tierra (que en realidad son proletarios rurales) a los campesinos ricos que emplean a otros campesinos como jornaleros asalariados, no tienen un único interés común y por lo tanto no pueden jugar un papel independiente en la sociedad. Históricamente han apoyado a diferentes clases o grupos en las ciudades. La única clase capaz de llevar adelante una revolución socialista victoriosa es la clase obrera. Esto no se debe a motivos sentimentales, sino al lugar que ocupa en la sociedad y el carácter colectivo de su papel en la producción.
Los marxistas siempre han concebido la guerra campesina como auxiliar de la lucha de los trabajadores en la toma del poder. Esta idea fue desarrollada en primer lugar por Marx durante la revolución alemana de 1848, cuando planteó que la revolución alemana sólo podía triunfar como una segunda edición de la Guerra Campesina. Es decir, el movimiento de los obreros en las ciudades arrastrarís trás de sí a las masas campesinas, los bolcheviques también explicaron que eran los trabajadores en las ciudades los que tenían que dirigir a los campesinos detrás suyo. Es importante señalar que durante la revolución rusa, la clase obrera industrial no representaba más del diez por ciento de la población. Y sin embargo el proletariado jugó el papel dominante en la revolución rusa, atrayendo tras de sí a los millones de campesinos pobres los aliados naturales del proletariado.
Esta perspectiva pareció desvanecerse después de la Segunda Guerra Mundial cuando toda una serie de guerras de guerrillas acabaron en victoria en Cuba, Vietnam, Angola, Mozambique, etc. La revolución cubana fue otro caso peculiar, aunque en esencia era similar al de China. En general no es muy conocido que Castro empezó como un demócrata burgués. ¡Su modelo era la revolución americana de 1776! Pero también Mao tenía la perspectiva en un primer momento de un período prolongado de desarrollo capitalista en China. En ambos casos la lógica de la situación dictó el resultado que fue totalmente diferente a lo que tenía en mente la dirección.
Después de aplastar el viejo estado de Batista (en contra de los consejos del PC Cubano que condenó a Castro como un aventurero pequeño burgués). Castro se encontró en una situación totalmente imprevista. Intentó introducir reformas y poner impuestos a las compañías estadounidenses, que respondieron con una campaña de sabotaje, aunque los impuestos que se les pedían en Cuba eran menores que en los EEUU. Washington decretó un bloqueo de Cuba y Castro respondió con la confiscación de todos los bienes de los EEUU en Cuba. Como el imperialismo americano controlaba nueve décimas partes de la economía, esto significó la nacionalización de casi toda la economía, así que decidieron acabar el trabajo y nacionalizar el diez por ciento restante. Teniendo delante el modelo de Moscú, los dirigentes cubanos maniobraron para establecer un régimen bonapartista proletario.
La revolución cubana actuó como un impulso para los obreros y campesinos oprimidos de América Latina y Centro América. En varios países se dieron intentos de seguir el modelo cubano de guerra de guerrillas, pero a pesar de su atractivo inicial, especialmente entre la juventud estudiantil, fracasó en todas partes, con resultados catastróficos. Nuestra tendencia explicó como muchas de las victorias de la guerra de guerrillas no se dieron como resultado de la guerra de guerrillas por sí misma, sino que el factor decisivo fueron las huelgas generales obreras en las ciudades Esto fue lo que sucedió en Cuba y en Nicaragua. También explicamos que la guerrilla, incluso si triunfaba, sólo podía llevar a lo sumo a un estado obrero deformado (bonapartismo proletario). El propio carácter de la organización de un ejercito guerrillero no permite la existencia de una estructura democrática y la falta de participación de los obreros en el derrocamiento del régimen de una manera organizada significó que la jerarquía del ejército guerrillero fue la que formó la nueva burocracia estatal.
Por lo tanto, nuestra tendencia, al mismo tiempo que daba apoyo crítico a los diferentes movimientos guerrilleros, como expresión de la lucha de los pueblos contra la opresión, insistió en que el principal factor era la organización consciente de la clase obrera para transformar la sociedad. La clase obrera en la mayor parte de los países dónde se desarrollaron guerras de guerrillas era por lo menos tan grande como la clase obrera rusa durante la revolución de 1917 y mucho mayor en proporción al total de la población. Bajo la dirección de un auténtico partido leninista, los obreros podrían llevar a cabo una revolución proletaria clásica en las líneas de la revolución de octubre, en casi todos los países con la excepción de los más atrasados. Es más, en muchos, sino en la mayoría, de estos países, la mayoría de la población vive en las zonas urbanas. La clase obrera es mucho más fuerte numéricamente que en Rusia en 1917. Sólo la ausencia del factor subjetivo, un partido revolucionario y una dirección, ha impedido el desarrollo de revoluciones proletarias clásicas.
Todos los llamados grupos "trotskistas" en aquel momento empezaron a defender la lucha guerrillera en el Tercer mundo como la única vía a la revolución socialista. Incluso llegaron a plantear que el guerrillerismo era la principal táctica incluso en países en que el campesinado no representaba una parte significativa de la población, desarrollando la loca idea de la "guerrilla urbana" que condujo a la destrucción de toda una generación de jóvenes revolucionarios en países como argentina, Uruguay y otros.
El oportunismo inherente de los dirigentes del PC, su acercamiento a la burguesía bajo la bandera de la teoría de las «dos etapas», empujó a una gran parte de la juventud estudiantil hacia el aventurerismo —el terrorismo individual y el guerrillerismo— en busca de un atajo. Esto condujo a una catástrofe en América Latina, donde estas tácticas provocaron la masacre de toda una generación de jóvenes cuadros revolucionarios y, en última instancia, a la pesadilla de las dictaduras militares en Argentina y Uruguay. De manera criminal, los llamados trotskistas no solo no combatieron estas tendencias, sino que las alentaron activamente e incluso participaron en ellas. Este hecho muestra hasta qué punto había llegado la degeneración de estas personas. Ideas que ya habían sido desacreditadas en la prehistoria del movimiento resurgieron ahora del basurero de la historia, presentándose como algo nuevo y original. Pero el marxismo ruso nació en la lucha contra todas las formas de terrorismo individual y «guerrillerismo». Tales métodos deben conducir a la derrota, pero incluso si tienen éxito, no pueden conducir al establecimiento de un estado obrero sano, sino solo a una caricatura burocrática.
El fracaso de las guerrillas en El Salvador y en Guatemala demostró las limitaciones de esta táctica, mientras que la revolución cubana tomó a los imperialistas por sorpresa, estaban mejor preparados para enfrentarse al problema en otras partes. Aún así, con una política y una táctica correctas, la revolución podía haber triunfado en El Salvador, dónde existían las condiciones al principio para un movimiento de masas en las ciudades. La dirección pequeño burguesa estaba apasionada por la idea de la guerra de guerrillas y condujo al movimiento a una derrota sangrienta. En Nicaragua los Sandinistas habían organizado una guerra de guerrillas durante décadas sin resultado. El factor decisivo no fue la guerrilla sino la insurrección de masas y la huelga general en Managua.
Aquí vemos una vez más el papel contra-revolucionario del estalinismo. Los Sandinistas podían haber ido hasta el final fácilmente y haber llevado a cabo la revolución socialista. Por supuesto que en un pequeño país como Nicaragua no podrían haberse mantenido durante mucho tiempo. Pero en esto reside el punto central de la revolución permanente. La revolución centroamericana es en realidad un todo único. Una vez tomado el poder en Nicaragua, los Sandinistas deberían haber hecho un llamamiento a los obreros y campesinos de Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica a que siguieran su ejemplo. Por encima de todo, era necesario extender la revolución a México. La revolución nicaragüense o triunfa como parte de la revolución centro y suramericana o no triunfará. Probablemente los dirigentes Sandinistas hubieran estado dispuestos a llevar a cabo la revolución hasta el final y abolir el capitalismo en Nicaragua. Pero las presiones de Moscú y la Habana se lo impidieron. Las burocracias cubana y rusa, motivadas por estrechas consideraciones nacionales, no querían provocar a Washington y convencieron a los Sandinistas para que detuvieran la revolución a medio camino. Esto fue un desastre para la revolución. Los imperialistas americanos organizaron y armaron a los Contras y poco a poco estrangularon la revolución nicaragüense.
Los imperialistas han aprendido la lección de las guerras de guerrillas y tratan de destruirlas en sus estadios iniciales. En el último período toda una serie de grupos guerrilleros han abandonado sus tácticas y llegado a acuerdos para participar en la política civil. Pero esto ha sido más bien el resultado de la desmoralización de sus dirigentes (con simpatías estalinistas) que de la solución genuina de los problemas que dieron lugar a la lucha guerrillera. Podemos ver como en países como El Salvador o Guatemala, los escuadrones de la muerte, organizados por el ejército, todavía actúan libremente y el problema de la tierra no se ha solucionado en absoluto. Por lo tanto, la posibilidad del surgimiento de nuevos grupos guerrilleros sigue presente. En Nicaragua por ejemplo, diferentes grupos han tomado de nuevo las armas cuando las promesas del gobierno de tierra y créditos baratos para trabajarla no se cumplieron.
El abandono de algunas guerrillas en toda una serie de países no significa que esté descartada la posibilidad de nuevos estallidos de guerrillerismo Al contrario. En el próximo período esto es inevitable e incluso podrían llegar a la victoria en algunos casos. Los mismos factores que provocaron el surgimiento de las guerrillas en el pasado siguen existiendo, la situación desesperada del campesinado en la mayor parte de los países coloniales, la necesidad de eliminar los restos del sistema feudal de propiedad de la tierra que todavía existe en muchas partes, todos estos factores hacen inevitables la aparición de nuevas guerras de guerrillas. Un indicio claro de este proceso fue el surgimiento en 1994 en México del ejército Zapatista. Ante la ausencia de una auténtica alternativa revolucionaria, existe el peligro que un sector de la juventud se incline a recurrir a los métodos del guerrillerismo y el terrorismo. Sin embargo, el propio EZLN es un buen ejemplo de la necesidad del movimiento campesino de vincularse al movimiento obrero en las ciudades. Cada vez que el ejército mexicano ha tratado de aplastar a los zapatistas, han sido las manifestaciones masivas en las ciudades las que lo han detenido. El programa del EZLN es, a lo sumo, un programa democrático-burgués, pero ni siquiera sus limitadas reivindicaciones pueden alcanzarse dentro de los límites del capitalismo. Esto es una confirmación de la teoría de la revolución permanente. La falta de alternativas por parte de los dirigentes del EZLN ha permitido al gobierno pasar a la ofensiva tratando de desmantelar los diferentes "municipios autónomos" bajo control de los zapatistas uno por uno.
Los dirigentes del EZLN no tienen un programa atractivo para los obreros y sus esfuerzos por ir más allá de sus bases de apoyo entre los campesinos se han orientado principalmente a los intelectuales pequeño-burgueses y capas medias. Tenemos que recordar que en México el 70% de la población vive en zonas urbanas. La clave de la revolución en México no reside en el campesinado, sino en los millones de obreros.
En Colombia, la guerrilla no sólo sigue activa sino que controla casi el 60% del territorio del país y sigue avanzando. No está descartado que pudieran tomar el poder. El imperialismo yanqui está tan preocupado por está perspectiva que está enviando asesores militares al país. Recordemos que la implicación de los EEUU en Vietnam empezó exactamente de la misma manera a principios de los años 60. Diferentes observadores burgueses ya han hecho la comparación. Desde la guerra del Vietnam, el imperialismo de los EEUU ha tratado de evitar a toda costa la intervención con tropas de tierra en conflictos externos, prefiriendo basarse en bombardeos aéreos. Pero las guerras no se pueden ganar sólo con bombardeos. Es posible que, si parece que las guerrillas colombianas van a tomar el poder, la intervención de los EEUU aumente drásticamente, al igual que en Vietnam. Un acontecimiento de este tipo tendría consecuencias incalculables en el conjunto de centro y Sudamérica, y en los propios EEUU. Esto es precisamente a lo que se refería Trotsky cuando dijo que EEUU tenía dinamita en sus cimientos como consecuencia de su papel como policía del mundo en la época de la decadencia imperialista.
Contradicciones inter-imperialistas
Un efecto importante de la caída del estalinismo ha sido la intensificación de las contradicciones inter-imperialistas. En el pasado hasta cierto punto estaban unidos contra el enemigo común del estalinismo, pero este ha desaparecido, por lo menos por ahora. Los contradictorios intereses de las diferentes potencias imperialistas han salido a la superficie. La división del mundo en tres bloques gigantescos continua a buen ritmo. La UE, dominada por Alemania, con Francia como "socio" menor está ocupada buscando esferas de influencia en Europa Central y del Este y también tiene toda una serie de semi-colonias en el Norte de Africa, Africa y el Caribe. Los EEUU están tratando de aumentar su dominio en Centro América y Sudamérica, y al mismo tiempo reforzando su papel dominante a nivel mundial. Esto a veces como hemos visto les hace entrar en conflicto con sus "aliados" europeos y japonés. Por razones que ya hemos explicado en otros documentos, en condiciones modernas, una guerra mundial entre las principales potencias está descartada. Pero continuamente habrá guerras "pequeñas" en el Tercer Mundo implicando a ejércitos teledirigidos de estados clientes.
La prensa burguesa siempre trata de presentar las guerras y conflictos en estos países como "conflictos étnicos" o "raciales". En la práctica, la pobreza, provocada por la despiadada sobre-explotación de estos países por parte del imperialismo, es uno de los principales factores que hace estallar estos conflictos y guerras. Otro factor clave es la vieja política del divide y vencerás aplicada por los viejos amos coloniales y las fronteras artificialmente trazadas de estos países. Ocho de los diez países más endeudados del mundo han sufrido guerra civil o conflictos violentos desde 1990, de los veinticinco países más endeudados, quince sufren este tipo de conflictos. En algunos países, especialmente, pero no sólo, en el Africa subsahariana, podemos ver la destrucción de las estructuras mismas de la sociedad y el estado y la reaparición de elementos de barbarie. Países devastados por décadas de pillaje y saqueo imperialista en los que bandas armadas controlan la situación en un estado de enfrentamiento constante y en los que el estado burgués como tal ha colapsado. Este es el caso principalmente en aquellos países en los que la clase obrera siempre ha sido extremadamente débil. Como ejemplos de este fenómeno baste mencionar Somalia, Sierra Leona y Afganistán.
Los imperialistas combaten ferozmente por cada mercado y por cada posición estratégica en la arena mundial. Esto da lugar a una enorme inestabilidad y crea una situación mucho más parecida a la que existía a principios de siglo que a la del largo período de relativa estabilidad en las relaciones internacionales que se dio en el medio siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esto se puede ver claramente en Africa donde podemos presenciar una lucha abierta entre una potencia imperialista en decadencia (Francia) y una potencia imperialista en auge con pocos intereses previos en la zona (EEUU). Este conflicto inter-imperialista ha sido un factor importante detrás de las guerras en la región de los Grandes Lagos, en el antiguo Zaire, en Congo-Brazzaville, en Sudán, etc. Así, Uganda se ha convertido en uno de los principales peones de EEUU en la región ayudando a Washington a ganar posiciones en Ruanda, Burundi y Zaire que, en la práctica, han quedado incorporados a la esfera de influencia de EEUU. En todos estos conflictos Francia fue la perdedora.
En Sudán podemos ver una campaña conjunta de los países apoyados por EEUU (Uganda, Ruanda, Etiopía) para derrocar al gobierno islamista del norte, mediante el apoyo a las guerrillas cristianas del sur. Francia una vez más se encuentra en el lado equivocado de la ecuación. Pero uno de los ejemplos más llamativos de la lucha de los grandes poderes por el control de los recursos naturales por encima de los cadáveres de miles de personas fue, sin duda, la guerra en Congo-Brazzaville en el verano de 1997. Esta fue una guerra abierta entre las compañías petrolíferas francesas y estadounidenses (con el apoyo de los gobiernos de París y Washington y sus aliados en la zona) por el control de los recursos petrolíferos del país. Pocos mese después, el país estaba totalmente arrasado, 10.000 personas habían muerto, y la multinacional francesa Elf había recuperado sus contratos sobre los recursos del Congo. Este mismo conflicto de intereses se repite por todo el mundo. Francia, Rusia y los EE.UU. están luchando por el petróleo en Oriente Medio (especialmente en Irak) y en Asia Central. Afganistán está siendo arrasado por fracciones rivales, cada una de ellas apoyada por una u otra potencia extranjera, Pakistán, Irán, Arabia Saudita, Rusia y EEUU. Toda Asia es la arena de una vasta lucha por mercados por parte de todas las potencias imperialistas.
El imperialismo obligado a retroceder
Para las potencias imperialistas, la dominación militar directa del mundo ya en 1945 se había convertido en un asunto muy caro. Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky explicó que el coste de la dominación imperialista directa del mundo colonial era mayor que el tributo que recibían de la explotación. Sin embargo, muchos de los países imperialistas no querían retirarse de estos países y por lo tanto vimos movimientos masivos en el Sudeste asiático contra el imperialismo francés y de EEUU; en Africa (Kenia, Ghana y Nigeria) contra el imperialismo británico y contra el imperialismo francés en Argelia. Pero incluso en los casos en que se concedió la independencia, esta no resolvió los problemas de las masas en estos países. Esta independencia era sólo formal, ya que la dominación imperialista continuaba por medios económicos más sutiles.
Esta dominación se ejerce principalmente a través del mecanismo del mercado mundial y de los términos desiguales del comercio, en el que se intercambian productos que representan más trabajo por productos que representan menos trabajo. El imperialismo forzó a muchos de estos países a economías de monocultivo, ya sean de productos agrícolas, como café, coco, bananas, algodón, etc., o minerales como el cobre, diamantes, estaño, etc. Los precios de estos productos están controlados por un puñado de multinacionales y su tendencia general ha sido hacia la baja durante décadas. Al mismo tiempo, los precios de los productos manufacturados que se compran a cambio han aumentado constantemente, creando un círculo vicioso del que es imposible escapar. No es una coincidencia que la crisis en Ruanda fuera precedida por una bajada brusca de los precios del café. Esto arruinó a miles de campesinos, mayoritariamente hutus, que se vieron obligados a emigrar a las ciudades dónde se convirtieron en carne de cañón para las bandas que organizaron el genocidio. Los precios de las materias primas y productos agrícolas son ahora más bajos en términos reales que lo que eran hace 70 años durante la gran depresión.
Toda la historia del mundo desde 1945 sólo sirve para confirmar la teoría de la revolución permanente, que ya había sido demostrada por la propia revolución rusa. No olvidemos que, antes de 1917, la Rusia zarista era un país semi-colonial y semi-feudal extremadamente atrasado (su dependencia completa del imperialismo extranjero no quedaba alterada por el hecho de que ella misma fuera una potencia imperialista débil). Ya en 1904 Trotsky explicó la incapacidad básica de la burguesía para resolver ninguno de los problemas a los que se enfrentaba la sociedad rusa. Esto es cierto respecto a todas las burguesías nacionales de todos los países ex-coloniales en la época de la dominación imperialista. Por este motivo, en el segundo congreso de la Internacional Comunista, Lenin insistió en rechazar la frase "revolución democrático-burguesa", sustituyéndola por la consigna de la “revolución nacional-democrática”. Esto era para subrayar la podredumbre de la burguesía colonial, su completa incapacidad para jugar ningún papel progresista en la época moderna. Esto queda claramente demostrado con el ejemplo de la India.
India
Durante más de medio siglo, la burguesía india ha tenido numerosas oportunidades para demostrar de lo que es capaz. Y ahora ha quedado condenada ante la historia. Cincuenta años después de la independencia, a pesar de la enorme capacidad productiva de la India, la burguesía india ha sido incapaz de resolver ni uno sólo de los problemas urgentes del país. Aunque ha habido un cierto desarrollo e la industria (India tiene ahora más industria que Gran Bretaña), India es hoy tan dependiente del imperialismo como era cuando conquistó la independencia formal, y los problemas de la tierra, la cuestión nacional e incluso el sistema de castas siguen sin resolverse.
La burguesía india sólo fue capaz de gobernar después de la independencia debido a la política del Partido Comunista que declaró una tregua durante la lucha por la independencia. La misma política anti-leninista de las "dos etapas" fue seguida por todos los PCs en el mundo colonial: apoyo a la "burguesía nacional progresista" contra el imperialismo, relegando la lucha por el socialismo a un futuro lejano y distante. En realidad la India consiguió la independencia como parte del proceso de los movimientos de masas de los pueblos coloniales que se dio después de la Segunda Guerra Mundial. Este fue probablemente el mayor movimiento de los pueblos en toda la historia. La masas de millones de personas en los países coloniales combatieron al imperialismo y en la mayoría de los casos le vencieron consiguiendo la independencia.
El partido del Congreso dirigido bajo Nehru se proclamó secular y "socialista". Sin embargo, medio siglo más tarde hemos presenciado la victoria del fundamentalismo hindú en la forma del reaccionario BJP. Este es el precio que la India ha pagado por el gobierno de la burguesía. La principal responsabilidad recae en los dirigentes del PCI pro-Moscú y el PCI (M) pro-Pekín que tenían un acuerdo con el Congreso (de nuevo la teoría de las "dos etapas"). Sin embargo no fue el Congreso sino los millones de obreros y campesinos indios los que liberaron a la India del dominio británico. Durante 300 años los británicos dominaron la India con tropas indias. En cuanto el pueblo indio se levantó y dijo basta, los británicos se dieron cuenta que se había acabado la partida. El general Auckinlech telegrafió a Londres diciendo que no podía dominar a la India por más de cuatro días. Es más, el Congreso traicionó a la India aceptando la partición sangrienta y reaccionaria en la que entre 10 y 20 millones de personas fueron asesinadas. Este fue un crímen del imperialismo británico que, con la excusa de "prevenir un baño de sangre", cínicamente dividió el cuerpo vivo de la India, sembrando así las semillas de nuevas guerras y conflictos.
La caída del estalinismo significó cambios importantes para el mundo colonial. En el pasado, los países coloniales tenían la posibilidad de equilibrarse entre los EEUU y la URSS y conseguir algunas ventajas. Pero eso ya no es así. Eso ha afectado decisivamente a algunos países que en el pasado, apoyándose hasta cierto punto en vínculos comerciales y políticos con la burocracia de Moscú, adquirieron una cierta independencia de Washington. Ahora todo ha cambiado. Bajo presión del imperialismo, la India está siendo obligada sin piedad a abrir sus mercados, con consecuencias catastróficas para la industrial local. Es el mismo panorama que se puede ver a lo largo y ancho del mundo ex-colonial. Los sueños de progreso a través de la independencia han quedado al descubierto como un fraude cruel. Bajo el sistema capitalista, conseguir la independencia formal, aunque de por sí un fenómeno progresista no puede resolver ninguno de los problemas más fundamentales de la sociedad en los países atrasados.
Actualmente el 70% del presupuesto de la India se dedica al pago de la deuda, y el gobierno del BJP ha anunciado un aumento importante del gasto de defensa. Esto impondrá nuevas cargas pesadas sobre las espaldas de los obreros y campesinos que pronto se darán cuenta de a quién representa el gobierno del BJP. Como resultado el gobierno del BJP ya está empezando a resquebrajarse. En el presupuesto del 1 de junio anunciado poco después de las pruebas nucleares, el gobierno anunció importantes recortes en los subsidios a los fertilizantes y aumentó el combustible a precios de mercado. Pero la coalición es tan débil que cuando la oposición protestó, el Ministro de Finanzas Yashwant Sinha inmediatamente dio marcha atrás, reduciendo el recorte de los subsidios a la mitad y cancelando la subida de los combustibles, alegando que había sido un "error".
Desde entonces la bolsa de valores ha caído un 30%, la rupia ha caído un 7% frente al dólar y, sólo en la primera semana de junio, abandonaron el país 130 millones de dólares de inversiones extranjeras. Y esto antes de que las sanciones empiecen a hacer efecto. Según algunas estimaciones, las sanciones podrían recortar el crecimiento de la India a un 4%, demasiado débil como para impulsar la creación de empleo necesaria para combatir el paro. Y la inflación, que era de sólo el 4,5% podría aumentar hasta un 10%. De esta forma el BJP va a gobernar con el aumento del paro y una caída mayor de los niveles de vida. En cuanto se disipe la niebla del chovinismo creada con las pruebas nucleares, ya ha empezado a suceder, la escena estará lista para grandes movimientos de las masas. Si el PCI y el PCI (M) tuvieron un auténtico programa comunista, el futuro de la revolución india estaría asegurado, desgraciadamente, ambos partidos siguen una linea reformista, basada en pactos y alianzas con diferentes sectores de la burguesía nacional. Por este camino la única perspectiva existente será la derrota y la reacción. En el transcurso de la lucha, los obreros indios, empezando por los sectores más conscientes del PCI y el PCI (M) tendrán que encontrar el camino hacia una auténtica política leninista que es la única que puede garantizar el éxito.
Pakistán
Veintiséis de los últimos cincuenta y un años, Pakistán ha estado gobernado por el ejército. Ha ido dando tumbos de regímenes democráticos inestables a dictaduras, en un círculo vicioso, sin resolver ninguno de los problemas. Al contrario, los problemas han ido empeorando continuamente. La mayoría del presupuesto se dedica a los gastos de defensa y al pago de la deuda. El FMI está exigiendo una reducción del gasto militar, ¡pero no del pago de la deuda!. Los imperialistas no quieren un golpe y ciertamente no quieren una guerra entre la India y Pakistán. Pero las pruebas nucleares de la India inmediatamente provocaron que el régimen pakistaní siguiera el mismo camino. Esto demuestra la limitada capacidad del imperialismo para controlar la situación. La clase dominante en la India y en Pakistán está indudablemente utilizando la cuestión nuclear como una manera de desviar la atención, levantando sentimientos chovinistas para intentar prevenir una revolución. Pero esto sólo puede ser un fenómeno temporal. Cuando los efectos se disipen, la atención de las masas se volverá a concentrar una vez más en sus necesidades más urgentes, trabajo, tierra, pan y techo.
El capitalismo pakistaní sigue siendo extremadamente débil e inestable. Durante décadas se han ido acumulando todas las contradicciones creando una situación explosiva. Bajo la presión constante del imperialismo, Pakistán redujo sus barreras arancelarias. Como consecuencia, 3.462 empresas medianas y grandes se vieron obligadas a cerrar. En la práctica el país está en la bancarrota. Sólo en el último trimestre de 1996 se dedicaron 550 millones de dólares al servicio de la deuda externa. Si no fuera por la enorme economía negra (drogas, tráfico de armas, etc.) la economía colapsaría. Pero en cualquier caso , la situación actual no se puede mantener por mucho tiempo. Hay una constante presión por parte del FMI para aumentar los impuestos indirectos sobre el queroseno, el gas, la electricidad, recortando los niveles de vida de las masas, ya de por sí miserables. Pero están jugando con fuego. Al igual que en la India, la camarilla dominante en Pakistán trató de desviar la rabia de las masas hacia el enemigo externo y azuzar los sentimientos patrióticos en relación al tema de las pruebas nucleares. La casta militar no se hubiera contentado con menos. Pero las consecuencias para Pakistán serán más serias que para la India. El recorte de la ayuda de los EEUU tendrá efectos mucho peores sobre las finanzas de un estado que ya está al borde de la bancarrota. Nueva Delhi tiene 26.000 millones de dólares en reservas de divisas mientras que Pakistán sólo tiene 1.200 millones de dólares, sólo suficiente para unas cinco semanas de importaciones. Exprimir a las masas sin piedad está preparando una explosión en ambos países. La chispa de la revolución de 1968 fue el aumento del diez por ciento del precio del azúcar. Lo mismo puede suceder de nuevo.
Existen muchos paralelismos entre Pakistán y la Rusia zarista. Al igual que Rusia, Pakistán es una sociedad semi-feudal sobre la cual se ha engarzado el capitalismo en algunas zonas, especialmente en Karachi y partes del Punjab. La cuestión nacional también es similar, con los punjabis mayoritarios oprimiendo a los sindhis, baluchis, pashtuns, etc. Si la clase obrera no toma el poder, es bastante posible que Pakistán pudiera dividirse en el futuro. Esta posibilidad ya se vio con la ruptura sangrienta de Bangladesh (anteriormente Bengala Este). Dada la mezcla de población que se ha dado (por ejemplo, los sindhis son una minoría en Karachi, los baluchis están en minoría en las ciudades de Baluchistán), la ruptura de Pakistán en sus partes constituyentes sería una absoluta pesadilla. Sólo la lucha revolucionaria unificada de la clase obrera pakistaní puede impedirlo y resolver la cuestión nacional sobre la base de una federación socialista democrática, que podría ser el punto de partida de una Federación Socialista del Subcontinente Indio. Sólo esto puede prevenir los horrores de guerras y violencia comunal que serán el resultado inevitable de la crisis del capitalismo.
El gobierno del PPP de Benazir Bhutto era corrupto, pero el actual gobierno de Nawar Sharif es incluso peor,. Es un gobierno de los sectores más putrefactos de la burguesía comercial, vinculada a los narcotraficantes, que se apoya en la reacción fundamentalista abierta. La actual situación de inestabilidad no puede durar mucho tiempo. En la segunda mitad de 1997 se destruyeron 500.000 puestos de trabajo como consecuencia de la política impuesta por el FMI. Esto ha producido un aturdimiento sobre la clase obrera con el cierre de miles de fábricas. La población de Pakistán está creciendo a una tasa del 3,3% al año. El crecimiento de la economía no puede ir a la par de este crecimiento de la población. Con una de las mayores tasas de natalidad del mundo el país tiene una de las tasa de analfabetismo más bajas y uno de los peores sistemas sanitarios del mundo. El estado gasta en sanidad unas doce pesetas por persona al año. La infraestructura del país está colapsando. En los últimos años se han destruido 7.500 Kilómetros de vías férreas. Se está preparando la privatización de todos los bienes del estado. Pero incluso si todos estos bienes se vendieran (unos 5.000 millones de dólares) esto no sería suficiente ni siquiera para pagar un año los intereses de la deuda que son unos 7.000 millones de dólares. Es en medio de esta crisis social y económica que la clase dirigente pakistaní está tirando adelante su programa de armamento nuclear. Esto refleja el profundo impás al que se enfrenta la clase dominante. Para poder desviar la atención de las masas de los problemas reales están tratando de construir un enemigo externo, la India. Esto no va a salvar a la clase dominante pakistaní del odio de las masas en cuanto se empiecen a mover.
Todos los indicios apuntan a que la situación objetiva está empezando a cambiar. El estado de ánimo de las masas está empezando a girar contra el gobierno de Nawaz Sharif. El PPP convocó recientemente una manifestación en Karachi en la que Benazir Bhutto habló. Ella se esperaba una asistencia de unas 5.000 personas, se encontró con una concentración de casi medio millón de personas. Precisamente el tipo de apoyo que no quiere. La dirección del PPP preferiría una situación en la que las huelgas no tuvieran seguimiento y las manifestaciones trajeran sólo a poca gente, de tal manera que ellos pudieran desanimar a las masas diciendo que la situación es difícil. Medio millón de personas en una manifestación sólo sirve para animar a los obreros y estudiantes en Pakistán. Aparte de es manifestación hay muchos otros indicios del cambio en la actitud de las masas incluso en Karachi.
¿Democracia o dictadura?
Otra característica importante de la situación actual en el mundo colonial es el giro del imperialismo, de apoyar dictaduras militares a apoyar "gobiernos democráticos" siempre que ha sido posible. En países como Haití, en las Filipinas y en otros países, vimos como Washington retiraba su apoyo a los títeres en los que se basaba en el pasado. Las dos razones principales para este cambio son por una parte el hecho de que el estalinismo ya no es una amenaza y por lo tanto, bajo la presión de las masas, pueden conceder democracia formal, mientras que esto no amenace sus intereses económicos y estratégicos. Por otra parte las dictaduras tienden a adquirir una dinámica propia. Los dictadores crean enormes aparatos burocráticos caros de mantener y los propios dictadores tienen una tendencia al compinche y al lujo que se come gran parte del pastel que las multinacionales son capaces de extraer de estos países. Algunos de ellos incluso se atreven a desafiar a sus dueños y crean problemas a los imperialistas. Este fue el caso con Noriega en Panamá y con Sadam Hussein en Irak, por nombrar sólo a un par.
Mientras la presión del movimiento de masas no afecte la propia existencia del sistema capitalista, la democracia es el medio de gobierno más barato desde el punto de vista capitalista. En cualquier caso, las decisiones más importantes todavía se toman en Washington, París y Londres. El hecho de que, por el momento, el imperialismo prefiera el gobierno "democrático" no significa que siempre pueda conseguirlo. No podemos olvidar que dos de los países que supuestamente iban a tener una transición pacífica hacia la democracia burguesa como parte del Nuevo Orden Mundial, eran el Zaire de Mobutu y Nigeria. En ambos países los dictadores militares tenían ideas diferentes y cancelaron estos procesos, para disgusto de los imperialistas.
Esto también está vinculado al poco entusiasmo del imperialismo de EEUU para implicarse en intervenciones militares directas en el extranjero. Nuestra tendencia ha explicado que la derrota de EEUU en la guerra del Vietnam se debió principalmente a la oposición masiva en América y el descontento entre las tropas. Un general de EEUU comparó la situación entre los soldados en Vietnam con la de la guarnición de Petrogrado en 1917. Si el SWP americano hubiera tenido un programa auténticamente revolucionario, EEUU hubieran estado al borde de una situación revolucionaria incluso en aquel entonces. Esa fue la primera vez que EEUU eran derrotados en una guerra. Ya en aquel entonces nuestra tendencia explicó que eso les impediría intervenir con tropas de tierra en un país extranjero. La única excepción que planteamos era Oriente Medio, dónde explicamos que debido a la importancia clave del petróleo para el imperialismo les podría obligar a intervenir en caso de una situación revolucionaria en Arabia Saudita.
Desde entonces hemos visto como EEUU, la potencia imperialista más poderosa en toda la historia, tuvo que retirar sus tropas del Líbano y Somalia. Los únicos casos de intervención directa con tropas de tierra han sido en países minúsculos como Granada, Panamá y Haití dónde se trataba de una cuestión de una operación rápida contra países pequeños y débiles con muy poco riesgo.
Por contraste, la guerra del Golfo contra Irak se basó principalmente en bombardeos aéreos. Incluso cuando ya habían aplastado las líneas iraquíes y el camino hacia Bagdad estaba abierto, no marcharon sobre la capital. Tenían miedo a verse implicados en una guerra de guerrillas prolongada que se encontraría con una oposición de masas en EEUU tan pronto como los soldados empezaran a volver a casa en bolsas de cadáveres. Así, tenemos la situación contradictoria en que la potencia imperialista más fuerte de la historia es al mismo tiempo impotente para intervenir militarmente con tropas de tierra incluso en un país débil y pequeño como Somalia. Sin embargo, esta "historia de amor" del imperialismo con la democracia sólo durará mientras la democracia formal sea capaz de garantizar su dominación económica. En cualquier caso, ¿de qué tipo de democracia estamos hablando? Como mucho, podemos considerarla como una semi-democracia, un fraude y una hoja de parra para cubrir la dominación de los bancos, monopolios y el imperialismo. Una vez la clase obrera y el campesinado presenten un desafío serio al dominio capitalista, recurrirán de nuevo, sin dudarlo ni por un minuto, a los mismos viejos métodos de las dictaduras sangrientas.
En América Latina, la mayor parte de las dictaduras cayeron y ahora tenemos democracias burguesas "normales" en la casi todo el continente. Pero incluso ahora, en la medida que el conflicto de clases se vuelve más agudo, hay sectores del aparato del estado ya están mostrando su disposición a volver a la represión abierta contra el movimiento obrero y sus organizaciones. En Perú tenemos un régimen de bonapartismo parlamentario en el que cada vez más el ejército aumenta su participación en la gestión del estado, la justicia, etc. En muchos países latinoamericanos la clase dominante recurre a asesinos a sueldo para asesinar a activistas sindicales. En Honduras, Colombia, Brasil, Argentina, por nombrar sólo algunos países formalmente democráticos, activistas obreros y campesinos han sido asesinados a la luz del día. De esto a dictaduras abiertas todavía hay un paso, pero un paso que la clase dominante de estos países, con el apoyo pleno del imperialismo de EEUU, no dudará en dar cuando las condiciones lo exijan.
Sin embargo, sólo recurrirán a esto cuando el movimiento de los obreros amenace fundamentalmente el dominio del capital. Por el momento, en América Latina, el péndulo ya empezó a girar hacia la izquierda. Hemos visto movimientos masivos de la clase obrera en el último período. En la mayoría de países hemos visto huelgas, huelgas generales e insurrecciones regionales. En Ecuador, la huelga general, con características insurreccionales, derrocó al odiado gobierno de Buccaram, pero debido a la ausencia de una alternativa política, este fue sustituido por un gobierno burgués más "normal". Bolivia es el ejemplo más claro de las limitaciones del sindicalismo combativo pero sin una expresión y una alternativas política. En Bolivia hemos presenciado el heroísmo de los obreros organizando huelgas generales indefinidas casi cada año. Pero sin un partido revolucionario, no hay salida. En condiciones de crisis, incluso las huelgas más combativas no pueden resolver los problemas fundamentales de la clase obrera.
México
En la superficie parecería que la economía mexicana se ha recuperado plenamente del colapso de la moneda en 1994/95, y algunos analistas internacionales están diciendo que México es el ejemplo que las economías asiáticas deberían de utilizar para salir de su recesión rápidamente. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Después de la espantosa contracción económica en 1995 del 6,5%, la economía creció de nuevo en 1996 e incluso alcanzó un impresionante crecimiento (oficial) del 7% en 1997. Pero si hacemos la media de estas cifras en este período de tres años, nos quedamos con un crecimiento anual del 1,8% que es menor que la tasa de crecimiento anual de la población que es del 1,9%. Los salarios reales de los obreros, lejos de crecer, están cayendo, según un estudio de la universidad, un 34,5% en los últimos tres años. Esta caída de los salarios reales forma parte de una tendencia más a largo plazo, por ejemplo, el poder adquisitivo del salario mínimo legal es sólo en 25% del que era en 1980.
Una de las principales razones de este crecimiento económico es precisamente el aumento de la competitividad de las exportaciones mexicanas como resultado de la devaluación del peso. Esto ha beneficiado principalmente al sector de la maquiladora, plantas que producen principalmente piezas para compañías en EEUU, concentrado principalmente en la frontera México-EEUU con condiciones laborales penosas. Este sector se enfrenta a una competencia creciente de las exportaciones del sudeste asiático ahora mucho más baratas después del colapso de sus divisas. (Por cierto que los trabajadores de las maquiladoras están empezando a organizarse en un proceso similar al que sucedió en las economías del sudeste asiático). Esto está ejerciendo presión sobre el peso mexicano, y no se puede descartar un nuevo colapso, especialmente teniendo en cuenta que los créditos impagado representan el 42% del total. El gobierno mexicano está tratando de impedirlo con una política de devaluación controlada.
La caída de los precios del petróleo también ha dañado a la economía mexicana porque, aunque las exportaciones petroleras son sólo el 9% del PIB, representan el 40% de los ingresos del estado. En lo que va de año el gobierno ha introducido dos paquetes de recortes presupuestarios directamente como resultado de la caída de los precios del petróleo. Tomando todos estos factores en cuenta, y en el contexto de las perspectivas pesimistas para la economía mundial, la previsión oficial de crecimiento económico para 1998 del 5,2% es claramente sobre-exagerada (y el propio gobierno la ha revisado a la bajo dos veces).
Dada la delicada situación económica no es una sorpresa que haya continuado el proceso de descomposición del régimen (que empezó a finales de los años 80 y se aceleró después del levantamiento zapatista en 1994). Cada vez más, sectores de la burocracia del PRI están dejando el partido, como ratas que abandonan el barco que se hunde, formando sus propios partidos, o uniéndose al izquierdista PRD o hacia la derecha del PAN. En 1997 incluso un sector importante de la burocracia sindical oficial se escindió de la federación sindical oficial (CTM) y formó su propia Unión Nacional de Trabajadores, que mantiene el mismo régimen interno antidemocrático pero sin embargo se opone a la política económica del gobierno, que está minando su riqueza y privilegios como dirigentes sindicales.
La crisis que se está desarrollando se refleja en las escisiones en el seno de la clase dominante. Hay sectores del aparato del estado y de la patronal que están a favor de una política "dura" contra todos los movimientos de oposición. Su principal preocupación es el movimiento zapatista y ya han tomado toda una serie de medidas para obligarles a rendirse o eliminarlos. El parlamento ha aprobado una ley sobre derechos indígenas a la que el PRD se opone y que rompe todos los acuerdos anteriores entre el gobierno y el EZLN. También han lanzado una campaña de expulsiones de extranjeros relacionados con diferentes ONGs en Chiapas (200 ya han sido expulsados) para deshacerse de testigos molestos. Finalmente han aumentado la presencia del ejército en Chiapas, con controles del ejército, helicópteros y aviones de guerra volando a baja altitud sobre las comunidades zapatistas, etc. El gobierno también está financiando, armando y entrenando organizaciones paramilitares, no sólo en Chiapas sino también en otras zonas conflictivas del país. Toda una serie de "municipios autónomos" zapatistas en Chiapas han sido disueltos por el ejército y recientemente el ejército ha llevado a cabo una masacre en Guerrero, con la excusa de tratar de desmantelar una unidad del Ejército Popular Revolucionario (EPR).
La represión, por supuesto, no se dirige sólo a los zapatistas. Dirigentes sindicales, organizaciones de deudores, dirigentes campesinos, etc., todos han sufrido detenciones ilegales (como en el caso del dirigentes sindical Aquiles Magaña), intentos de asesinato (como en el caso del dirigente de los deudores y marxista Federico Valdez en Chiapas) y asesinatos (más de 600 militantes del PRD han sido asesinados en los últimos 10 años) Este aumento de la represión, sin embargo, no es un síntoma de fuerza, sino de debilidad por parte del régimen del PRI. Aunque el nivel de huelgas es bajo, principalmente debido al alto nivel de paro y la inseguridad en el empleo, el proceso de formación de corrientes democráticas dentro de los sindicatos oficiales se está acelerando. Obreros y campesinos se están afiliando al PRD como el único canal dónde pueden expresar sus aspiraciones de cambio, a pesar del carácter corrupto y carrerista de muchos de sus dirigentes. La clase obrera es el principal factor en la situación en México (y en la mayor parte de los otros países latinoamericanos) y ésta lo ha demostrado una y otra vez. La participación de los obreros en la arena política, especialmente en las manifestaciones del 1o de Mayo de 1994 y 1995 con un millón de obreros, marcaron un punto de inflexión importante en la descomposición del régimen priísta.
El ascenso del PRD queda ilustrado por la victoria electoral en el Distrito Federal (DF), que todo el mundo pensaba que iba a caer en manos del PAN, y también por el hecho de que el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en el Congreso. Ahora la burocracia del PRI y el gobierno nacional están tratando de minar y sabotear Cárdenas como alcalde de México para debilitarle de cara a las elecciones presidenciales del año 2000. Sin embargo, las masas todavía tienen bastantes ilusiones en el PRD (especialmente en Cárdenas, que junto con Manuel López Obrador, representan el ala "izquierda"). Dentro del PRD las divisiones entre la izquierda y la derecha (representada por Muñoz Ledo) están aumentando. El reciente congreso del PRD declaró que el partido era de "izquierdas", una decisión que refleja sin duda la presión de la base. La organización del partido en el D.F. está controlada por la llamada Corriente de Izquierda Democrática.
Es posible que el PRD gane las elecciones en el año 2000. Pero si el PRD llega al poder y no lleva a cabo un programa revolucionario, inevitablemente eso preparará el camino para la reacción y una situación peor que la anterior. En el contexto de una recesión mundial y el colapso de la economía mexicana, estarían bajo la enorme presión de fuerzas contradictorias. Por una parte el imperialismo trataría de utilizar la autoridad del PRD entre las masas para llevar a cabo una política de incluso más privatizaciones y recortes. Por otra parte los obreros y campesinos esperarían que un gobierno del PRD resolviera sus necesidades más urgentes: salarios, democracia sindical, corrupción, la tierra, etc. La euforia inicial se disiparía rápidamente en condiciones de crisis capitalista y las masas pasarían a la ofensivo, sin ni siquiera esperar a que el gobierno actuase. La presión del movimiento de masas se expresará en el PRD con el surgimiento de un ala de izquierdas más claramente definida cada vez más enfrentada a aquellos dirigentes más abiertamente vinculados a la burguesía.
Esta será una situación enormemente favorable para las fuerzas del marxismo. Aquí no estamos hablando solamente de perspectivas sino de nuestra propia intervención. Las pequeñas fuerzas de la tendencia ya han ganado un respeto enorme, simpatía y autoridad entre los sectores más avanzados de los activistas del PRD y los sindicatos, especialmente en Ciudad de México, pero cada vez más en Chiapas y otras provincias. El periódico es conocido por parte de una capa amplia de activistas. Las posibilidades de extensión de las ideas del marxismo a otros estados son extremadamente favorables como lo demuestra el impacto que ya han tenido nuestras ideas en Chiapas después de una intervención limitada. Tenemos que redoblar los esfuerzos para construir una fuerte tendencia marxista dentro el PRD, los sindicatos y también en las organizaciones campesinas, que sea capaz de jugar un papel decisivo en los acontecimientos turbulentos que se avecinan.
Nigeria después de Abacha
Después de Sudáfrica, el país clave en Africa es Nigeria. Es el país más grande del Africa negra con una población de casi 100 millones de personas. Uno de cada cinco africanos vive en Nigeria. Desde su independencia formal a principios de los años 60, Nigeria ha sufrido crisis políticas continuas, guerra civil y períodos prolongados de régimen militar. El gobierno civil de Shagari, que presidió en medio de corrupción generalizada, la duplicación de la deuda externa y la destrucción de la base industrial del país, preparó el camino para el golpe militar del general Babangida en 1985, que a su vez fue sustituido por Abacha. Bajo control del ejército el país se sumió todavía más en la crisis económica. Hoy Nigeria tiene una deuda de 19.000 millones de libras. A pesar de sus recursos excepcionalmente valiosos, Nigeria es el quinto productor mundial de petróleo, el país sufre una aguda crisis energética. El colapso de la infraestructura ha llevado a una situación en la que sólo una de sus refinerías está funcionando y sus plantas de energía están operando sólo al 32% de su capacidad normal. El impasse de la sociedad nigeriana se revela por el hecho de que el 64% de la población carece de acceso a agua potable y cloacas, la mitad de la población es analfabeta y la esperanza de vida es de sólo 51 años.
Al igual que en el resto del mundo colonial, la ayuda estaba vinculada a la compra de armamento. Entre 1988 y 1992 Nigeria compró armamento de todo tipo: Italia vendió por valor de 143 millones de dólares, Checoslovaquia 134 millones, Francia 74 millones y Gran Bretaña 75 millones. Incluso después de la anulación de las elecciones de 1993 y el ahorcamiento de Ken Saro-Wiwa, siguieron entrando al país dinero y armamentos.
En agosto de 1994 el gobierno militar disolvió las ejecutivas del Congreso Nigeriano del Trabajo (NLC) y de los sindicatos de trabajadores del petróleo y del gas. El régimen ha recurrido a la represión abierta contra la oposición, atacando a sindicalistas, cerrando universidades y encarcelando a opositores. Pero la clase obrera nigeriana es una de las más fuertes de Africa y tiene tradiciones combativas. La muerte de Abacha abre una situación totalmente nueva y convulsiva para Nigeria. El 12 de marzo de 1998, escribimos a los marxistas nigerianos: "La burguesía abandonará el gobierno militar cuando sientan que el suelo empieza a temblar bajo sus pies. Puede ser que se encaminen hacia un frente popular, en el que los representantes de la clase obrera entren en el gobierno para hacer el trabajo sucio”.
Antes de lo que habíamos anticipado, esta perspectiva ha sido confirmada por los acontecimientos. Es poco probable que la súbita muerte de Abacha sea el resultado de causas naturales. Es más probable que los imperialistas, con importantes intereses en Nigeria, estuvieran aterrorizados por la posible explosión, que claramente se estaba preparando, y decidieran deshacerse de él ya, ya que todas sus presiones habían sido inútiles. Pero de la misma manera que la dimisión de Suharto marca el inicio de la revolución en Indonesia, la muerte de Abacha es el primer episodio en la revolución en el país más importante del Africa negra. Las masas salieron espontáneamente las calles para expresar su alegría ante la desaparición del odiado dictador. Pero ahora la burguesía y los imperialistas se van a amover rápidamente para tratar de descabezar el movimiento de las masas, pasando de la bota derecha a la bota izquierda.
Sea cual sea el régimen burgués que se establezca, nosotros no damos ningún apoyo político. Sin embargo, tenemos que utilizar los limitados derechos políticos que puedan ser concedidos para aumentar nuestra propaganda por el derrocamiento del régimen burgués y la toma del poder por parte de la clase obrera. Una vez más insistiremos que la clase obrera tiene que confiar en su propia fuerza, su propia organización y sus propia táctica y estratégica independientes. Los marxistas no pueden apoyar de ninguna manera al auto denominado "demócrata" Abiola. Hay que mantener una posición independiente. Incluso cuando Lenin defendía la democracia burguesa en Rusia, siempre se opuso a la burguesía liberal bajo el zarismo y en otros países, él insistió constantemente en la cuestión principal: ¡ninguna confianza en los liberales burgueses! ¡Confiar solamente en vuestras propias fuerzas para encontrar una solución a los problemas de la clase obrera! Fueron los estalinistas los que envenenaron el movimiento con sus ideas de colaboración de clases y su apoyo a los liberales. Lo mismo es cierto en el caso de Nigeria. Si estuviera vivo hoy, Lenin diría a las masas nigerianas: confiad solo en vuestras propias fuerzas y organización. Ninguna ilusión en la burguesía liberal. Por supuesto que después de un largo período de dictadura militar habrá ilusiones en la democracia burguesa. Tenemos que tener esto en cuenta y luchar por todas las reivindicaciones democráticas serias, especialmente la consigna de una Asamblea Constituyente. Pero tenemos que vincular las reivindicaciones democráticas a las reivindicaciones socialistas de manera transicional.
No llamamos a apoyar a un gobierno burgués en oposición a otro. Sin embargo, el derrocamiento de la Junta, incluso si lleva a un nuevo gobierno burgués, sería un paso adelante. Se crearían nuevas condiciones que permitirían al proletariado organizarse de manera más libre y nos proporcionarían nuevas plataformas para nuestras ideas. Cada uno de los derechos democráticos que gane la clase obrera es un paso adelante que hay que utilizar para avanzar la causa de la revolución socialista. Al mismo tiempo, no tenemos ninguna confianza en ningún nuevo gobierno "democrático" burgués. Esta era la postura de Lenin y Trotsky en 1917, en oposición a la postura conciliadora de Stalin y Kámenev que querían apoyar el Gobierno Provisional "en la medida en que" éste apoyase la revolución.
Toda la historia de Nigeria, que ha girado entre "democracia" y dictadura, es un indicio de la inestabilidad de la sociedad. Sólo la fuerza de la acción de masas y la revolución puede forzar la expulsión de la Junta y poner las bases para la conquista de todas las reivindicaciones democráticas. Esta era la razón para no votar por Abiola en las elecciones de 1993. No tenemos que reforzar ninguna ilusión en él. Era totalmente falso llamar a los obreros a votar por Abiola como el "mal menor". Los dos partidos en realidad eran partidos del gobierno. El ejército permitió las elecciones sólo sobre la base de dos partidos aprobados por el gobierno. Eso era una farsa y no podíamos apoyarla. ¡Fuera cual fuera el resultado la camarilla dirigente iba a ganar! En EEUU no apoyaríamos a ninguno de los candidatos burgueses en las elecciones presidenciales. Eso sería traicionar nuestra posición de clase. Nosotros agitamos para que el Partido Laborista en EEUU presente un candidato contra la burguesía. Cuando en Nigeria la Junta anuló las elecciones, la única salida era la acción de masas por parte de los sindicatos y la clase obrera. Obviamente estamos a favor del derrocamiento de la Junta, pero no tenemos ilusiones en el tipo de demócratas burgueses que están siendo empujados a primera línea.
La burguesía nigeriana tiene miedo de la democracia burguesa porque teme a las masas. El imperialismo sólo intervino para apoyar a los demócratas burgueses cuando estuvo ante la amenaza de la revolución, como en América Latina. Incluso Abiola, en la práctica, había apoyado a la Junta, permitiendo su selección como hombre "de confianza" para las elecciones. Por esa misma razón ahora está siendo presentado como una supuesta "alternativa democrática". No plantea ninguna amenaza para la camarilla dominante o el imperialismo. La dirección del Congreso Nigeriano del Trabajo, ahora llena de títeres gubernamentales, no está dispuesta a luchar, ya que esto significaría llevar adelante una lucha revolucionaria. Tenemos que basarnos en la clase obrera, especialmente en los sectores más combativos, como los trabajadores del petróleo. Los marxistas nigerianos correctamente llaman a la formación de comités de acción para coordinar la acción de masas y proponen consignas de transición como la confiscación de los bienes de los imperialistas, nacionalización, Asamblea Constituyente, esta es la única política auténticamente revolucionaria: una que vincule las reivindicaciones democráticas con un programa anticapitalista.
Para las masas, una solución a sus problemas estaría en "elecciones" o una "asamblea" de algún tipo. Una dictadura policíaco-militar siempre refuerza las ilusiones en la democracia burguesa entre las masas. Todos los ojos están centrados en la caída de la dictadura y la vuelta a la "democracia". Las masas ven la "democracia" como un medio para resolver sus problemas. Para la burguesía "democrática" es un medio para descabezar el potencial revolucionario de las masas. Los marxistas tienen que tener en cuenta esta situación. Trotsky planteaba el mismo punto en relación a la revolución China y la necesidad de que los trotskistas tengan en cuenta el deseo de derechos democráticos después de haber estado bajo la bota de la dictadura bonapartista. Este es un sentimiento natural después de la experiencia de la junta militar. "Queremos nuestros derechos democráticos básicos" será un sentimiento extendido. Tenemos que utilizar este sentimiento en nuestro beneficio. Nuestra tarea es vincular el deseo por derechos democráticos, el derecho a organizar sindicatos y partidos políticos, el derecho a huelga, la libertad de prensa, la libertad de asamblea, etc. a la cuestión de y un programa para la revolución socialista. Tenemos que dar un contenido de clase a la esta expresión de derechos democráticos. Tenemos que desenmascarar la pretensión de la burguesía de ser los campeones de la "democracia". Esta actitud nos permitirá ganarnos la audiencia de las masas y una oportunidad para explicar las ideas del marxismo.
La postura de "democracia" primero, y después socialismo, es una variedad de estalinismo. Por supuesto, la Asamblea Constituyente sigue siendo un punto de agrupamiento para la clase obrera pero no es una solución en y por sí misma. Sólo un gobierno obrero que tomando el control de la economía puede empezar a resolver los problemas. Por supuesto que sólo extendiendo la revolución a la resto de áfrica y a Occidente puede haber una auténtica solución.
Ante la radicalización de las masas y el miedo a un levantamiento, los reformistas burgueses y reformistas de izquierdas, están claramente asustados por esta posibilidad y quieren evitarla. Nosotros no podemos apoyar una política de colaboración de clases. En lugar de adaptarnos a la presión de la pequeña burguesía, los marxistas tienen que plantear ideas de clase claras. Por supuesto que, en condiciones de semi-legalidad o ilegalidad, es difícil mantener una posición de clase clara. La verdad de esta afirmación queda demostrada por la experiencia de los bolcheviques en 1917, cuando Stalin, Kámenev y Zinóviev vacilaron y sucumbieron a la presión de la opinión pública burguesa pequeño burguesa y adoptaron la línea de menor resistencia. Pero es necesario luchar contra la corriente. Sin una posición clara de independencia de clase no hay solución posible.
Sudáfrica
Sudáfrica sigue siendo el país clave de toda Africa. Durante décadas, el magnífico proletariado negro ha dado pruebas suficientes de su coraje y su maravillosos instinto revolucionario. Sólo la falta del factor subjetivo se interpuso en el camino de una revolución proletaria clásica en Sudáfrica. Aunque los acontecimientos se han desarrollado de manera diferente a lo que nosotros habíamos pensado en un principio, las perspectivas fundamentales siguen siendo las mismas. Bajo el capitalismo no hay futuro para Sudáfrica, al igual que para ningún otro país. La principal razón fue que la dirección del ANC, especialmente Mandela, después de la caída del estalinismo estaban dispuestos a llegar a una cuerdo con la clase dominante blanca para poder pasar a formar parte de ésta. A cambio, les aseguraron que nada fundamental iba a cambiar. Los dirigentes del ANC se comprometieron a llevar a cabo políticas capitalistas, a aceptar la continuación del dominio de la comunidad empresarial blanca, a que no se tomasen acciones contra los responsables de los crímenes del pasado contra el pueblo, etc. En otras palabras, acordaron una traición total.
El imperialismo estadounidense ya había reconocido que la situación no podía seguir manteniéndose como en el pasado. La presión y la combatividad de la clase obrera negra se había hecho demasiado potente como para ser aplastada simplemente con la represión. Como siempre, las reformas son un producto secundario de la revolución aterrorizados por el peligro de una revolución en Sudáfrica, Washington presionó fuertemente a De Klerk y los demás representantes de la clase dominante blanca para forzarles a aceptar algún tipo de "gobierno de la mayoría", con una serie de condiciones. Por una vez, pasando por encima de sus seguidores pequeño burgueses afrikaners, De Klerk llegó a un compromiso con el ANC, algo que no nos esperábamos. En el pasado, cada vez que parecía que se iba a llegar a un acuerdo contra sus intereses, estos siempre se habían escindido y logrado darle la vuelta a la situación. El Partido Nacional mismo era el resultado de una escisión sobre estas bases antes de la guerra. Parecía lo más probable que algo parecido fuera a ocurrir. Pero el peso específico de los afrikaner (principalmente granjeros) ha disminuido en las últimas décadas, hasta el punto que ya no pueden ejercer la influencia decisiva que tenían en el pasado. El principal motivo del error que cometimos cuando dijimos que un acuerdo era improbable que se llevara a cabo, fue que estábamos demasiado influenciados por el pasado y no apreciamos suficientemente el cambio que se había dado dentro e Sudáfrica. En el momento de la verdad, los afrikaners se vieron reducidos a gestos impotentes y terrorismo. Los grandes empresarios y el imperialismo decidieron.
Por cierto que no era en absoluto una conclusión cierta que se fuera a llegar al acuerdo. Todos los elementos en los que basamos nuestras perspectivas estaban presentes en el proceso. Hubo muchas ocasiones en las que parecía que el proceso se iba a romper. Uno de ellos fue después del asesinato de Chris Hani, cuando los jóvenes negros organizaron disturbios y exigieron a los dirigentes del ANC que pasara a la acción. La única respuesta que recibieron fue que "mantuvieran la calma". Los afrikaners blancos también recurrieron a la violencia y las acciones del ABW y los elementos de extrema derecha dentro del aparato del estado estaban dirigidas a tratar de desestabilizar toda la situación. También recurrieron a una campaña de terror, utilizando los servicios del movimiento reaccionario "zulú" Inkatha en algunas regiones. Pero al final, los elementos que empujaban hacia un acuerdo fueron más fuertes que lo que habíamos pensado y las elecciones fueron hacia adelante.
El hecho de que las cosas hayan sucedido de manera diferente a lo que esperábamos no invalida en absoluto nuestra perspectiva general para Sudáfrica. Ni siquiera ahora se puede decir que exista un gobierno de la mayoría como tal en Sudáfrica. El acuerdo al que llegaron De Klerk y el ANC incluía la formación de un Gobierno Nacional con representantes de todos los partidos. No será hasta después de las elecciones generales de 1999 que se aplicará un procedimiento normal para la formación de gobierno.
No debemos subestimar el efecto entre la población negra de la concesión de algunos derechos democráticos. Inevitablemente, al principio, había algunas ilusiones. La concesión de algunas cosas, especialmente electricidad y agua potable en los townships, será vista como un avance importante. Pero las esperanzas de las masas en la dirección del ANC excede de lejos estas concesiones. Los obreros negros y especialmente la juventud están cada vez más enfadados con la conducta de los dirigentes del ANC. Después de generaciones de lo que en la práctica era esclavitud, las masas negras de Sudáfrica aspiran a una igualdad real y a unas condiciones civilizadas de existencia. Para las masas la cuestión de la democracia es siempre una cuestión concreta, vinculada al empleo, salario y vivienda. A través del mal llamado plan de Crecimiento, Empleo y Redistribución (GEAR), el gobierno dirigido por el ANC ha introducido una serie de ataques contra los derechos sindicales, privatización de servicios públicos, etc. Esto obligó a los dirigentes del COSATU (que describieron el GEAR como el "programa del capital financiero") a convocar toda una serie de movimientos y huelgas de protesta importantes. Esto lo hicieron principalmente para soltar vapor y mantener su prestigio dentro del movimiento, pero los choques entre el gobierno de coalición del ANC y el COSATU reflejan una tendencia más profunda.
Como dijimos en 1992: "la 'reforma' no impedirá el levantamiento social, especialmente en el caso de una caída en la economía mundial que sería un desastre para la población negra. También amenazaría los empleos y privilegios de los blancos que empezarían a abandonar a De Klerk y girar hacia la reacción. De la misma manera, en la medida en que las masas negras se den cuenta que han sido engañadas, la base del ANC empezará a declinar. Se abrirán crisis y escisiones dentro el propio ANC. A pesar de todo, no es seguro que se vaya a llegar a un acuerdo. Pero incluso si se firmase, eso no resolvería ninguno de las contradicciones fundamentales en la sociedad sudafricana. Daría paso a un nuevo período de convulsiones y turbulencia social." (Perspectivas Mundiales, agosto 1992).
Podemos ver como eso ya está sucediendo. Dentro de la base del ANC y los sindicatos crece el descontento con este gobierno y la manera en la una nueva élite negra se ha unido a la burguesía blanca dejando a la mayoría de la población negra viviendo todavía en condiciones de pobreza.
El nivel de retroceso de los dirigentes del ANC se pudo ver en la 50 Conferencia el ANC. En un informe para el periódico australiano GreenLeft Weekly, Oupa Lehulere escribe que: "Nelson Mandela seleccionó sólo al Jefe Mangosuthu Gatsha Buthelezi del Inkatha Freedom Party para alabarlo e introdujo personalmente al representante del IFP en medio de una fuerte ovación... Se está preparando al público del ANC para una posible fusión entre las dos organizaciones, y el ascenso de Mangosuthu Buthelezi a la posición de vice presidente de Sudáfrica. Se cree que el nuevo vice presidente del ANC, Jacob Zuma, de KwaZulu-Natal, está a favor de la fusión".
Ya en 1992 advertimos que: "en la medida en que las masas negras se den cuenta que han sido engañadas, la base del ANC empezará a declinar" (PM, 1992). El mismo informe comenta: "Debilidad organizativa, declive de la militancia y no funcionamiento de las agrupaciones también conspiraron para ayudar a suavizar la victoria de la derecha del ANC en Mafikeng. La delegación del Cabo Este, antaño la región más fuerte del ANC, tenía sólo la mitad de los delegados de 1994 debido a la caída den la militancia" (GLW).
Al fin y al cabo, las masas juzgarán el éxito de la democracia por su capacidad para proporcionarles casas, empleo y condiciones de vida dignas. Los dirigentes del ANC prometieron todo esto. Pero cada vez es más claro que la mejora de los niveles de vida se limita a una peque;a minoría de negros de capas medias. La gran mayoría ha ganado muy poco. Algunos negros han conseguido entrar en los consejos de administración de los grandes monopolios dónde la élite blanca les ha hecho un espacio. Esto incluye algunos destacados dirigentes del ANC que se han unido a la clase dominante. De esta manera todo el engaño de la "reforma" se reduce al enriquecimiento de un pequeño puñado de negros privilegiados y el mantenimiento del dominio de la misma vieja oligarquía blanca bajo la protección del ANC. Thabo Mbeki es el representante consumado de esta capa de burgueses negros.
Una estadística publicada recientemente describía Sudáfrica como el segundo país con un diferencial mayor entre pobres y ricos, sólo por detrás de Brasil. El 40% más pobre de la población sudafricana gana sólo un 11% de los ingresos del país, y el 7% más rico un astronómico 40%. Pero mientras que en el pasado este diferencial se asociaba con la división racial esto ya no es completamente cierto, en la medida que se ha abierto un enorme diferencial entre los sudafricanos negros. Los de arriba de todo ahora viven en los mismos barrios y van a los mismos clubs que los ejecutivos blancos, mientras que los que están abajo han visto como caían sus niveles de vida. De hecho en el grupo de mayores ingresos del país, hay más negros que blancos.
El informe describe gráficamente como "la parte del ingreso nacional del 40% de negros sudafricanos más pobres ha caído un 48%, mientras que el del 10% más rico ha aumentado un 43%". Este es el motivo del enorme aumento de la criminalidad al que la prensa ha dado tanta publicidad, y no el "legado de los métodos utilizados en la lucha contra el apartheid" como la prensa burguesa trata de explicarnos. Los ricos viven en casas fortificadas, temiendo la ira de los pobres. la situación se está convirtiendo en una pesadilla para todas las secciones de la población, negros, mestizos y blancos por igual. Y sobre la base del capitalismo las cosas sólo pueden empeorar. los dirigentes del ANC quieren atraer inversiones extranjeras, pero al mismo tiempo tienen que tratar de mantener a las masas en calma concediendo al menos algo que parezcan reformas. Esta política acabará por no satisfacer a nadie.
Los obreros negros no lucharon durante décadas para esto. El descontento y la rabia entre los obreros provocará una nueva oleada de luchas como las del pasado, pero a un nivel superior. Habiéndose librado del apartheid (por lo menos en el sentido formal), y empujado a los dirigentes del ANC al poder, los obreros entenderán la necesidad de una política de clase. El camino estará abierto apara la formación de una auténtica tendencia marxista. En este sentido el PCSA será especialmente importante. Existe la posibilidad de que el Partido Comunista Sudafricano se escinda del ANC y forme una alianza con la potente confederación sindical COSATU. Esto sin duda es una expresión de las enormes presiones de los militantes de base.
El periódico de Ciudad del Cabo "Die Burguer" saca la misma concusión que los marxistas: "La política del gobierno en la práctica ha enriquecido a los ricos, especialmente a los negros ricos y ha dejado en gran medida a los pobres de todas las razas abandonados a su suerte. De esta manera se está creando una bomba de relojería que podría hacer que los sueños revolucionarios de Marx se hiciesen realidad en Sudáfrica." (Die Burger (Internet Version) en inglés 16 junio 98).
El PIB sudafricano creció sólo un 0.2% en el primer trimestre de 1998 y la recesión mundial que se avecina va a tener consecuencias graves para la economía del país. La creciente frustración de la clase obrera negra encontrará una expresión a través de sus organizaciones provocando escisiones y convulsiones en el ANC, el PCSA y el COSATU. Con las tradiciones revolucionarias del proletariado negro y la juventud podemos esperar enormes combates de clase en Sudáfrica en el próximo período.
Oriente Medio
No hay un sólo régimen estable en Oriente Medio. Incluso Arabia Saudí está en crisis, en la medida que la caída de los precios del petróleo mina sus ingresos. Ya no tienen la misma capacidad para comprar el apoyo de la población con cuantiosas subvenciones. Las escisiones y crisis por arriba son un indicio del impás del régimen. La crisis en Bahrein ya ha provocado disturbios y la formación de un movimiento "por la democracia". Esto ha su vez ha provocado divisiones en la élite dominante en Arabia Saudí. Se dice que un sector (el rey Fahd) está a favor de concesiones, mientras que el gobierno saudita oficial, encabezado por el primer ministro en funciones príncipe Abdullah, se opone a las concesiones. El fermento de descontento quedó demostrado en el coche bomba que mató a cinco americanos y dos indios en un edificio de oficinas americano en Arabia Saudí. Una revolución en Arabia Saudí no está en absoluto descartada en el próximo período. Por este motivo está ansiosa por evitar un nuevo ataque de EEUU a Irak, que podría provocar una oposición de masas e incluso la caída del régimen. Tal giro en la situación tendría consecuencias muy importantes como resultado de la importancia estratégica y económica clave del Arabia Saudí para el imperialismo estadounidense. EEUU se vería obligado a intervenir, lo cual provocaría una explosión revolucionaria en todo Oriente Medio y más allá.
En Oriente Medio, la teoría de las dos etapas ha tenido los resultados más perniciosos, llevando a la derrota de la revolución en un país tras otro, y al auge del fundamentalismo islámico. La burguesía y los imperialistas, que en un principio apoyaron a los fundamentalistas como contrapeso al peligro de la revolución, ahora están aterrorizados de las consecuencias de sus acciones. En Argelia, las masas demostraron un coraje y una determinación enormes durante la guerra de liberación contra el imperialismo francés. Eso podía haber llevado a la revolución socialista tanto en Argelia como en Francia, de no ser por la política de los estalinistas franceses y las limitaciones nacionales de los dirigentes del FLN. Estos últimos no vieron la necesidad de hacer un llamamiento de clase a la clase obrera francesa sino que adoptaron una política puramente nacionalista. Como consecuencia, el millón y medio de residentes franceses, muchos de ellos trabajadores cualificados cuyos servicios hubieran sido útiles al pueblo argelino, abandonaron el país provocando problemas económicos importantes. Los dirigentes nacionalistas pequeño burgueses del FLN se llamaban socialistas y aplicaron medidas de nacionalización, pero no llevaron hasta el final la tarea de la expropiación del capital y la ruptura con el imperialismo. (Los estalinistas chinos, en la persona de Chou En Lai les desanimó activamente de tomar ese camino). Como consecuencia prepararon el camino para la reacción, primero con el golpe de Boumedián, y más tarde, con resultados catastróficos, con el auge del fundamentalismo.
Después de casi cuatro décadas de independencia sobre bases burguesas, Argelia está en el caos a pesar de tener una enorme riqueza potencial en petróleo. Millones de jóvenes están en paro y no tienen un futuro. La crisis del capitalismo significa que la válvula de escape de la emigración a Francia está prácticamente cerrada. El brillante éxito en la guerra de liberación se ha convertido en cenizas, y fruto de la desesperación hay un giro hacia el fundamentalismo. Esto es una terrible ironía, ya que las tradiciones de la revolución argelina eran seculares y progresistas. La reacción islámica, al igual que el fundamentalismo judío, católico, protestante e hindú, combina el fanatismo religioso y la reacción más negra en partes iguales. La demagogia antiimperialista que utiliza no cambia esto en absoluto. La auténtica cara del fundamentalismo se puede ver en las bárbaras masacres de hombres, mujeres y niños, aunque muchas de estas masacres son claramente el trabajo de las fuerzas del estado. No hay nada que escoger entre ambos bandos. El impás sangriento en el que se encuentra Argelia es el resultado de la incapacidad de FLN de llevar la revolución hasta el final. Nos recuerda agudamente la frase de Marx sobre las opciones a las que se enfrenta la humanidad, socialismo o barbarie. Otra naciones, y no sólo del Tercer Mundo, se enfrentarán al mismo tipo de barbarie que podemos ver en Argelia si la clase obrera no toma el poder.
En el corazón de la crisis de Oriente Medio está el conflicto israelí-palestino. Este conflicto ya ha llevado a cuatro guerras y todavía está por resolver. El llamado acuerdo de paz forzado por el imperialismo estadounidense no ha resuelto nada. A Washington le interesaría una solución pacífica porque no quiere conflictos que pudieran poner en peligro sus enormes inversiones en la zona, y a pesar de sus estrechas relaciones con la casta dominante en Arabia Saudí, siempre acaba posicionándose con Israel, porque sigue siendo el único aliado firme que tiene en esa parte del mundo. A pesar de su impaciencia con la política provocadora de Tel Aviv, no tiene más remedio que aceptarla.
Nuestra tendencia se opuso consistentemente a las políticas locas del terrorismo y el guerrillerismo (en realidad era lo mismo) seguidas por la dirección de la OLP en el pasado. Esto llevó a desastre tras desastre y no contribuyó en absoluto a la solución de los problemas del pueblo palestino. Al contrario, hizo el juego a la clase dominante israelí y alienó a las masas judías. Tenemos que recordar que nosotros fuimos los únicos que señalamos que la única manera de derrotar al imperialismo israelí era a través del desarrollo de la lucha de masas en los territorios ocupados, especialmente en Cisjordania.
Esta perspectiva demostró ser correcta con la magnífica Intifada, algo que los dirigentes de la OLP no habían previsto y no habían hecho nada para preparar. La Intifada tuvo un éxito parcial. No podía ser más que parcial debido a la ausencia de una dirección consciente capaz de hacer un llamamiento de clase a los obreros y soldados judíos. Esta es la clave para el éxito. Es necesario construir una alianza de lucha entre las masas palestinas y la clase obrera en Israel. Esta está sometida a ataques por parte de la clase dominante en Israel y está respondiendo con la lucha. Los primeros pioneros de Israel eran en realidad socialistas utópicos que defendían la nacionalización de la economía. Los sindicatos, el Histadruth, en la práctica posee una parte importante de la economía. Pero, al igual que en todos los demás países capitalistas, la clase dominante israelí está llevando a cabo una política salvaje de ataques y privatizaciones. Esto ha provocado una explosión de la lucha de clases en Israel.
A principios de diciembre de 1997, Israel fue sacudido por una huelga general convocada por la Federación General del Trabajo, Histadruth. La huelga empezó en 3 de diciembre, duró cinco días y acabó en una victoria. 700.000 trabajadores participaron en la huelga indefinida a pesar de los ataques de los medios de comunicación y las amenazas del gobierno de Netanyahu de utilizar la ley contra los huelguistas, poner una multa al sindicato y encarcelar a sus dirigentes, y el hecho que los tribunales declararon la huelga "ilegal". Un año antes Sholo Shano, el número dos del Histadruth, había sido encarcelado por "desacato al tribunal" después de una oleada de huelgas y también el primer intento del Histadruth de convocar una huelga general en setiembre de 1997 fue parado por los tribunales a las pocas horas de su inicio. La huelga general no fue solamente un incidente aislado, sino que forma parte de una preocupación general por la creciente crisis económica que está afectando a Israel. Ha habido toda una serie de huelgas amargas, como la ocupación de la fábrica textil Kitán en Nazareth Elite por parte de los trabajadores contra su cierre, la lucha de los basureros de Tel Aviv contra la privatización, la lucha en Haifa Chemicals, etc. En algunas de estas luchas, como en las protestas en la "ciudad de desarrollo" de Ofakim contra el paro, obreros árabes y judíos han participado en manifestaciones conjuntas. En realidad, fueron los militantes del Histadruth en diferentes comités de empresa los que obligaron a sus dirigentes a convocar la huelga general.
Esta nueva división en la sociedad israelí en líneas de clase ha tenido su efecto en la política. Se habla de la necesidad de formar un partido basado en los sindicatos y los comités de empresa, e incluso el diputado laborista y secretario general del Histadruth Amir Peretz, ha hecho comentarios favorables a la idea. El Partido Laborista, basado tradicionalmente en los judíos askenazis (de origen europeo) más de capas medias, durante la huelga general no hizo ninguna declaración de apoyo, e incluso algunos de sus dirigentes dijeron que si ellos estuvieran en el poder aplicarían la misma política que Netanyahu. Las divisiones también están afectando al Likud, tradicionalmente basado en los judíos sefardíes (originariamente del Oriente Medio) más pobres y de clase obrera, ya que se considera que está abandonando a sus votantes tradicionales y aplicando un programa abierto de "revolución thatcherista". Este es el motivo que llevó a la dimisión de uno de los ministros del gobierno de coalición de Netanyahu, Davi Levy, debido a su oposición a los recortes en los gastos sociales. Obviamente Levy estaba preocupado por la caída en el apoyo a su pequeño partido por parte de los trabajadores judíos. Estos acontecimientos muestran como un programa de clase podría unir a trabajadores judíos y árabes, judíos ashkenazis y sefardíes acabando con el odio nacional y religioso. Pero las tácticas de grupos como Hamas, tienen precisamente el efecto contrario, empujando a las masas israelíes detrás del Likud, y ayudando y animando a los elementos más reaccionarios de la sociedad israelí, al mismo tiempo que sacrifican a los elementos más valientes de la juventud palestina que dan sacrifican sus vidas sin motivo.
La locura del fundamentalismo nunca fue parte de la tradición palestina. Al igual que en Argelia, es el precio que hay que pagar por la negativa de la dirección a llevar adelante una política socialista. Sólo un programa basado en políticas de clase e internacionalistas puede conseguir unir a las masas árabes e israelíes contra el enemigo común. La revolución socialista en Israel puede ser el punto de partida de la revolución en todo Oriente Medio. Para poder triunfar, no se puede limitar a Israel y los territorios ocupados, sino que hay que combatir por ella en todo Oriente Medio como un primer paso.
El "milagro" del Sudeste Asiático
La parte del mundo colonial dónde hasta hace poco ha habido un crecimiento significativo de la economía fue en el Sudeste Asiático, dónde las llamadas "economías tigre" se presentaron como modelos de cómo el capitalismo podía dar una fórmula para superar el atraso. En realidad existen razones históricas específicas para el desarrollo de Japón, Corea del Sur e incluso Taiwan. Fue principalmente el resultado de una correlación de fuerzas peculiar que se desarrolló después de la Segunda Guerra Mundial. Trotsky explicó que las reformas y todo tipo de cambios importantes son el producto secundario de la revolución. Esta ley se puede aplicar, no sólo a un país individual, sino a nivel internacional. La reforma agraria que era la tarea fundamental de la revolución democrática en Japón y Corea del Sur fue introducida como resultado del miedo del imperialismo americano a la extensión de la revolución China (en el caso de Japón fue introducida directamente por las fuerzas de ocupación de EEUU después de la Segunda Guerra Mundial). Llevaron a cabo una profunda reforma por arriba para impedir una reforma por abajo. ¿Acaso esto contradice la teoría de la revolución permanente? No. Estos países son precisamente excepciones, no la regla. Y si Corea del Sur, Japón y Taiwan son excepciones, Hong Kong y Singapur son excepciones todavía más peculiares. En realidad no son países como tal, sino ciudades-estado que se han beneficiado de ciertos acontecimientos en la economía mundial.
Vale la pena señalar que estas economías no se desarrollaron sobre la base del libre mercado y la apertura de los mercados, sino al contrario, sobre la base de la intervención del estado en la economía y altas barreras arancelarias para proteger sus industrias nacionales. En Corea del Sur había planes quinquenales y el estado le decía a los bancos a qué empresas tenían que hacer préstamos, y a las empresas en qué sectores tenían que invertir y qué productos tenían que desarrollar.
Hace sólo un año se presentaba a Asia como un ejemplo brillante de los éxitos del capitalismo y del mercado. La burguesía estaba borracha con la ilusión de que Asia podría garantizar un futuro brillante de prosperidad y crecimiento continuos. Estas ilusiones incluso tuvieron eco entre las filas de los marxistas. Se preguntó si acaso el desarrollo de Asia, junto con los nuevos terrenos de inversión como la tecnología de la información y la globalización, no significaban un nuevo período de auge capitalista, como el que se dio después de 1945. Nosotros señalamos que estos procesos no eran nada nuevo. Se pueden encontrar procesos análogos en todos los períodos de desarrollo del capitalismo, desde el siglo XVI en adelante. La tasa de beneficios que los inversores extranjeros consiguieron en un primer momento fue enorme del orden del 20, el 30 e incluso el 50 por ciento. Esto fue un imán para la inversión y el crecimiento. Pero Marx explicó que eso sólo es posible en la etapa inicial. A largo plazo la tasa de beneficios tiende a caer a la tasa media.
Esto es exactamente lo que pasó en el sudeste asiático. El desarrollo de la clase obrera conlleva el desarrollo del movimiento huelguístico, la lucha contra la explotación, que llegado cierto punto conseguirá salarios más altos y la cancelación de las ventajas iniciales. Mientras, las contradicciones se han agudizado. En otras palabras tenemos las condiciones objetivas para la revolución socialista. Las leyes clásicas del capitalismo se aplican en este caso al igual que en todos los demás. Hace dos o tres años la burguesía estaba eufórica sobre el sudeste asiático y China. Pero ahora se enfrentan a una sobre capacidad masiva, o, en otras palabras, sobreproducción. Lo que ha sucedido en el sudeste asiático, y eso era fácilmente previsible desde un punto de vista marxista, es que ahora están entrando en una situación capitalista normal. Se enfrentan a una sobre capacidad masiva en todos los sectores de la producción: coches, semi-conductores, electrónica de consumo, micro-chips y productos químicos. Esto es un modelo capitalista clásico, ya descrito por Marx.
Nosotros dimos la bienvenida a la industrialización del sudeste asiático. Desde un punto de vista marxista es un fenómeno positivo porque crea una fuerte clase obrera industrial y por lo tanto establece las condiciones objetivas para la revolución socialista. Al igual que en la Rusia zarista hace cien años, estas inversiones extranjeras no eliminan los antagonismo sociales sino que los exacerban. Estos proceses son muy similares a lo que sucedió en Rusia a finales del siglo pasado y principios de este. En los años 90 del siglo pasado hubo un desarrollo colosal de las fuerzas productivas pero limitado a algunas regiones. Esto se basaba exclusivamente en el capital extranjero en la zona alrededor de Moscú, San Petersburgo, los Urales y el Oeste de Rusia. Pero Rusia seguía siendo un país extremadamente atrasado. Había sólo 3 millones de obreros sobre una población total de 150 millones. Esto representa un atraso mucho mayor que el de la India hoy en día. El tipo de industrias que se establecieron en Rusia, debido a la ley del desarrollo desigual y combinado, eran las industrias más modernas del mundo, con altas tasas de crecimiento y gran concentración de la clase obrera. Y sobre la base de bajos salarios, consiguieron altas tasas de beneficios. Esta es exactamente la misma situación que hemos visto en las "economías tigre" hasta hace poco. El período de crecimiento económico explosivo en la Rusia zarista acabó en las revoluciones de 1905 y 1917.
Los burgueses siempre están buscando tasas de interés más altas y cuando las encuentran todos se concentran en aquel sector o región invirtiendo como locos. Los primeros en llegar consiguen beneficios masivos, pero debido a la anarquía de la producción capitalista llega un punto en que provocan una crisis masiva de sobreproducción. Esta es la causa última de la crisis que en el Sudeste Asiático (que se suponía que había escapada de las leyes normales del capitalismo y había establecido un modelo asiático único basado en el crecimiento perpetuo como el viejo sueño de la máquina del "movimiento perpetuo") ahora podemos ver expresada en su forma clásica. El problema es que la burguesía sólo vio a estos países como un mercado un terreno de inversión. No se dieron cuenta que cuando estos hubieran desarrollado su industria empezarían a exportar. China ha superado a Japón como el país con el mayor superávit comercial con EEUU, y como consecuencia, sectores del Congreso en EEUU repentinamente han desarrollado una preocupación piadosa por la situación de los “derechos humanos" en China. Cada período de desarrollo capitalista ha ido acompañado de la apertura de nuevas partes del mundo. desde el descubrimiento del Nuevo Mundo al inicio del capitalismo, pasando por el desarrollo del colonialismo en los siglos XVIII y XIX, China, California, Australia en el siglo pasado, etc.
Ya en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels explicaron que el sistema capitalista, a diferencia de todos los modos de producción anteriores, desarrolla los medios de producción constantemente buscando nuevos campos de inversión. Este era precisamente el lado progresista del capitalismo. Lo que es sorprendente de la época actual no es la existencia de nuevas áreas de inversión productiva, sin las cuales el sistema no podría existir, sino la escasez de inversiones productivas y la enorme cantidad de capital dedicada a actividades parasitarias y no productivas: especulación en las divisas, derivados financieros, apuestas en el mercado de valores, propiedad, OPAs agresivas, y también el saqueo sistemático del estado en todos los países bajo el nombre de la privatización. Todo esto está preparando el camino para una recesión profunda a nivel mundial en el próximo período.
Por lo que se refiere a la "globalización", esto ya está explicado en el Manifiesto Comunista. Incluso actualmente todavía es debatible si el grado de integración de la economía mundial es o no mayor que en el período entre 1870 y 1914. Es cierto que la división internacional del trabajo y el comercio mundial se han expandido enormemente en el último período. Este fue el principal motor del desarrollo capitalista en todo el período posterior a 1945, actuando como un estímulo colosal a la inversión y la producción. Pero, como hemos explicado en documentos anteriores (ver "Una nueva etapa en la revolución mundial") esto ha llegado a sus límites, y la expansión del comercio mundial ya no tiene el mismo efecto. Es cierto que, en la búsqueda de mayores beneficios, la burguesía ha invertido grandes cantidades de dinero en Asia y, en menor medida, en los demás "mercados emergentes" (América Latina y partes de Europa del Este). Marx explica que uno de los medios por los cuales los capitalistas pueden combatir la tendencia a la caída de la tasa de beneficios es precisamente a través del comercio mundial y especificamente, el comercio con los países coloniales que implica el intercambio de más trabajo por menos.
Aquí ocurre un fenómeno similar al que ocurre cuando los capitalistas invierten en una nueva rama de tecnología que abarata los productos y les permite capturar una parte mayor del mercado. Los que llegan primero puede sacar enormes beneficios durante un tiempo. Pero esto no puede durar. Motivados por el afán por superbeneficios, otros capitalistas invierten en el sector, provocando exceso de producción. La tasa de beneficios vuelve a caer hasta la media. Llegados a cierto punto la sobre-inversión supera la demanda limitada, provocando sobreproducción. Los precios se estancan y después caen. En lugar de una caída en la tasa de beneficios, vimos una caída en la masa de beneficios, provocando una recesión que va a durar hasta que todo el sobreproducto haya desaparecido, junto con el cierre de fábricas, paro masivo y la destrucción forzosa de los medios de producción que llegado a cierto punto crea la posibilidad de nuevos mercados y terrenos de inversión y un nuevo boom.
Las inversiones en el Sudeste Asiático y China han desarrollado la economía enormemente. La pregunta es, ¿se han resuelto las contradicciones del capitalismo? Al contrario. El aumento de la participación en los mercados mundiales, la desaparición de todas la barreras al movimiento da capital, simplemente reproduce todas las viejas contradicciones a un nivel superior y de manera más intensa a nivel mundial. Lo que se está preparando es una auténtica crisis global del capitalismo, que va a golpear con mayor violencia a las economías de Asia, Africa y América Latina, agravando enormemente todas las tensiones que se han ido acumulando durante décadas. La actual crisis económica en Asia es una advertencia de lo que se avecina a escala mundial en el próximo período. La teoría de la revolución permanente no dice que no se puede dar un desarrollo económico importante en un país colonial sino todo lo contrario. Lo que sí dice es que la burguesía colonia es incapaz de resolver los problemas de la sociedad. Y aquí podemos ver como esto es totalmente correcto.
El motivo por el que los americanos han empezado a atacar a China en relación a los derechos de los trabajadores, y las condiciones de trabajo y salariales en Corea del Sur es porque estos países han desarrollado su industria hasta el punto de que están compitiendo con los productos occidentales en los mercados mundiales. Pero los salarios en Corea del Sur ya son demasiado altos, desde el punto de vista capitalista, comparados con otros competidores regionales. De hecho algunas empresas surcoreanas, incluso antes de la crisis, estaban trasladando la producción a países con salarios más bajos como Indonesia, Filipinas y Malasia. Esto creó una situación explosiva en Corea del Sur, dónde los empresarios lanzaron una ofensiva contra los salarios, condiciones de trabajo y empleos de los trabajadores. Esto provocó una explosión de lucha de clases en la forma de la huelga general de diciembre de 1996 y enero de 1997. Estos acontecimientos marcaron el despertar del proletariado asiático, inmensamente fortalecido por el desarrollo de la industria en el último período. De hecho sería incorrecto catalogar a Corea del Sur como un país colonial hoy en día. Estamos hablando de la octava economía del mundo y sus empresas invierten en el extranjero, incluyendo Gales del Sur dónde los costes laborales ahora son incluso menores que en Corea.
Como se demostró en Corea del Sur, en todos estos países la clase obrera está en una posición en que puede jugar el papel dirigente, siempre que tenga una dirección revolucionaria. Los trabajadores surcoreanos han demostrado una y otra vez su determinación para luchar contra el capitalismo pero una y otra vez sus dirigentes les han defraudado. Incluso los dirigentes de la confederación sindical ilegal y combativa KCTU, aceptaron la política de colaboración de clases y firmaron los acuerdos tripartitos del FMI con el gobierno y los empresarios para permitir los despidos masivos, al inicio de la crisis. Pero las bases del sindicato inmediatamente convocaron una reunión nacional de representantes de fábrica en la que rechazó el acuerdo y se cambió la dirección por otra más combativa compuesta por los representantes del sindicato del metal. Esto fue un acontecimiento significativo que muestra como las organizaciones de masas se verán sacudidas hasta sus cimientos en un país tras otro a medida en que se desarrolle la crisis.
Pero ni siquiera esta dirección más radical estuvo a la altura de las tareas, como quedó demostrado en el reciente movimiento a principios de junio, cuando después de una huelga de advertencia en la que participaron 200.000 trabajadores, la dirección canceló la huelga general indefinida que estaba prevista. Esto ha provocado todavía más fermento y crítica en la base. Este ejemplo ilustra el hecho de que por muy combativo que sea un sindicato, en circunstancias como estas, si no está armado con un programa político de transformación socialista de la sociedad, está condenado a caer bajo la presión del capitalismo. La situación en Corea del Sur sólo admite dos soluciones: o los obreros toman el control de los chaebols o hay que tragarse toda la política de Kim Dae Jung, "toda la nación tiene que hacer sacrificios para salir de la crisis" (es decir, los trabajadores cargan con el peso de la crisis a través de despido masivos, recortes salariales, etc.). No hay término medio.
Marx sobre el colonialismo
Marx escribió muy poco sobre la revolución colonial, porque en aquel momento la cuestión de una revolución socialista en un país atrasado no se planteaba. Pero en el tercer volumen de El Capital hay una sección muy interesante sobre el colonialismo y el papel de la inversión en los países coloniales que es totalmente aplicable a la situación actual. Marx explica, en la sección de la tendencia a la caída de la tasa de beneficios, que una de las maneras en que el capitalismo combate esta tendencia es: a) mediante la participación en el mercado mundial, que es precisamente lo que están haciendo; y b) especificamente a través del comercio e inversión colonial.
¿Cómo funciona? Los capitalistas que invierten en países coloniales, especialmente los primeros que llegan, se benefician de una composición orgánica del capital muy alta: bajos salarios, industrias con un contenido de trabajo muy alto, y la manera en que esta explotación funciona a través del comercio mundial es el intercambio de menos trabajo por más.
De la misma manera que los primeros capitalistas que invierten en nueva maquinaria pueden tener ventajas, los primeros capitalistas en invertir en Asia obtuvieron tasas de beneficio fabulosas, como ya hemos mencionado. Estos países atrasados, hambrientos de inversión, industrias y tecnología occidental, parecían abrir un paisaje sin fin para la expansión y los beneficios. La misma ilusión se ha repetido muchas veces en el pasado. En el siglo pasado, Engels comentó irónicamente sobre las ilusiones de los fabricantes de algodón de Manchester que creían que el mercado de China les garantizaría un mercado para sus productos que iba a durar indefinidamente. Ese sueño acabó en una recesión, como siempre sucede. Pero durante un tiempo, sobre la base de bajos salarios y nueva tecnología, era posible conseguir enormes beneficios. Pero ahora todas estas economías han colapsado y están en una recesión profunda. Esto ya ha sido la chispa que ha hecho estallar la revolución en Indonesia y movimientos importantes en otros países. Los límites de Asia ya se han alcanzado (desde un punto de vista capitalista por supuesto, ya que el desarrollo de Asia apenas ha empezado).
Las enormes inversiones han creado un exceso de bienes que no se pueden vender. La rápida expansión de la producción capitalista en Asia (la única zona dónde se han conseguido estos resultados espectaculares) ha entrado en conflicto con el poder adquisitivo limitado de las masas. Por cierto que los bajos salarios, en y por sí mismos no son necesariamente una fuente de beneficios. Puede haber otros factores que los anule, por ejemplo la baja productividad. Muchos de estos países no tienen una clase obrera especializada suficientemente grande, como es el caso en Malasia, Indonesia, Tailandia, etc. Además a esto hay que sumar los impuestos, la corrupción, la falta de infraestructura, los costes del transporte a los mercados de EEUU y Europa, etc. En todos los casos los costes laborales están creciendo en estos países. Si quieren competir, incluso entre ellos, tienen que bajar los salarios. Pero la burguesía coreana ya se ha encontrado con la experiencia de una clase obrera que no está dispuesta a abandonar sus logros sin luchar.
En los últimos diez años se han obtenido beneficios fabulosos de las inversiones en el Sudeste Asiático. Y también en China, que es un caso peculiar, porque aunque sigue siendo un estado obrero deformado, ha animado el desarrollo del capitalismo en ciertas zonas. Por cierto que Lenin tenía la intención de hacer algo parecido en los años veinte cuando ofreció a los inversores extranjeros todo tipo de concesiones, pero siempre que el estado obrero estuviera firmemente bajo control. La idea era beneficiarse de la tecnología moderna que sólo se podía haber desarrollado en la Unión Soviética a un precio mucho mayor. Pero eso no fue posible porque Rusia era un estado obrero fundamentalmente sano y en lugar de invertir en él, los capitalistas querían destruirlo. Sin embargo, si los bolcheviques hubieran conseguido la inversión, la hubieran aceptado.
En China la situación es diferente ya que es la burocracia, y no la clase obrera, la que controla la situación y no representa una amenaza fundamental para el capitalismo mundial. Por lo tanto los capitalistas consideran que este es un régimen con el que se pueden hacer negocios. De hecho, China ha jugado el papel que Rusia estaba destinada a jugar en un primer momento. Ha habido bastantes inversiones y el desarrollo económico ha sido impresionante (por cierto que este crecimiento económico, posibilitado por la participación en le mercado mundial, demuestra la locura de las políticas de autarquía de Stalin y Mao). La gran cantidad de inversión extranjera en China, creó ilusiones por parte los capitalistas occidentales, e incluso entre algunos marxistas. ¿Podrían China y Asia abrir un nuevo período de expansión como el que siguió a la Segunda Guerra Mundial?
En la práctica, la mayor parte de las inversiones en China se han limitado a unas pocas zonas costeras alrededor de las Zonas Económicas Especiales y ha creado enormes desequilibrios y contradicciones. Millones de campesinos han emigrado de las zonas rurales más atrasadas a los centros urbanos de crecimiento rápido, creando un excedente de fuerza de trabajo. Esto se podía mantener hasta cierto punto mientras la economía crecía a tasas de dos dígitos. Pero ahora que la economía empieza a ralentizarse todas las contradicciones saldrán a la superficie. Ya han salido muchos informes de disturbios con la participación de decenas de miles de personas, tanto en zonas rurales como urbanas, y esto es sólo el principio.
Para empeorar las cosas, el colapso de las economías el Sudeste Asiático y la caída sostenida del yen japonés ya ha recortado la mayor parte de la ventaja competitiva de las exportaciones japonesas y le va a obligar a devaluar su propia moneda, la única que parecía estable durante el colapso del Sudeste Asiático. El nivel de deudas incobrables de los bancos chinos es incluso mayor que el del resto de la zona y una crisis económica importante es sólo una cuestión de tiempo. Esto sumirá el país en problemas todavía mayores. Las autoridades chinas trataron de suprimir todas las noticias de la revolución indonesia o las presentaron como unos disturbios anti-chinos. en 1989, antes de la masacre de Tian An Men fueron principalmente estudiantes los que participaron en el movimiento. Los trabajadores y campesinos se mantuvieron en general pasivos, en la medida en que su situación económica era aceptable. Esta vez será completamente diferente, e incluso como hemos visto en Indonesia, un movimiento que empiece con los estudiantes puede conducir a un levantamiento de masas. Esto será en última instancia lo que decida el futuro de las reformas pro-capitalistas en China. Enfrentados a un movimiento de estas características y a una crisis económica, es inevitable que haya sectores de la burocracia que abandonen el camino hacia el capitalismo, aunque sólo sea para proteger sus intereses.
China también se enfrenta a la revolución
Los capitalistas intentan confortarse pensando que al menos China no se ha hundido todavía en una crisis. Pero China no puede mantenerse al margen de la crisis general de Asia. Al contrario, todo parece indicar que China se encuentra en la víspera de acontecimientos revolucionarios. El intento de acelerar el proceso de "reforma" (es decir, de contrarrevolución capitalista) en China en condiciones de crisis capitalista está provocando una dislocación social y económica colosales. Deng siempre fue cauto. Fue lentamente hacia la desnacionalización, al tiempo que se aseguraba que el monopolio del poder político seguía en manos de la burocracia. El resultado es una catástrofe para el pueblo chino y una explosión de la lucha de clases. La reforma pro mercado en los pueblos ha originado una extrema desigualdad y una polarización entre una pequeña minoría a la que le ha ido bien y una gran mayoría que se ha empobrecido. Millones han huido a las ciudades y a las áreas costeras donde la industria, a pesar de la tasa de crecimiento rápido, es incapaz de absorberlos. Por lo menos hay 150 millones de desempleados. El intento de desregularizar y privatizar la industria estatal hará que esta cifra se multiplique La ralentización en Asia ya ha empezado a repercutir en las exportaciones chinas, las cuales eran la explicación principal de las altas tasas de crecimiento, causando una desaceleración. Esto tendrá los efectos más severos en China, no sólo económicamente, sino social y políticamente.
La caída del valor del yen ha causado alarma en Pekín. Las preocupaciones por la devaluación surgen debido al crecimiento rápido del desempleo. El crecimiento económico podría caer por debajo del 6,5 por ciento a finales del año, muy lejos del objetivo oficial del 8 por ciento. China necesita un crecimiento alto para absorber a más de cinco millones de trabajadores que se espera perderán sus puestos de trabajo como resultado de la reestructuración de las empresas. La amenaza mayor para las empresas de mediana y baja tecnología chinas no es Japón, cuyas exportaciones son bienes de alta tecnología. Lo que preocupa a los chinos es la forma en que una devaluación japonesa afectaría a Corea. Si el yen se debilita hasta alcanzar 150 por dólar, el won coreano muy probablemente tendrá que ser devaluado en un intento de volver competitiva la industria coreana. Eso significaría un aumento de la competición para las empresas chinas, las cuales ya están luchando para librarse de los coreanos en China misma y en otros mercados. Por ejemplo, los beneficios de la industria del acero china se han reducido en parte debido a la nueva competencia con los coreanos. Esto es también verdad en la industria petroquímica, un sector en el que los precios han caído un 20 por ciento desde octubre. "Habrá todavía más presión sobre las corporaciones nacionales", predice Andy Xie, un economista de Morgan Stanley Asia Ltd. en Hong Kong.
A pesar de las afirmaciones confiadas de que China no devaluará el renminbi, es difícil ver cómo van a evitarlo en el próximo periodo. Y una devaluación del renminbi (o yuan, como también se le llama) provocaría una cadena devastadora de devaluaciones competitivas en Asia y más allá, y posiblemente arrastraría a todo el mundo a una recesión. Los intentos furiosos de América y Europa de poner presión sobre Japón para deflacionar están vinculados directamente a temores sobre China. Como BusinessWeek señaló: "Con los dirigentes empresariales norteamericanos inquietándose cada vez más por la subida del dólar y con los líderes chinos pidiendo que disminuyan la presión que les empujaría a una devaluación del renminbi, los funcionarios de Hacienda empezaron a considerar una intervención en el fin de semana del 13 y 14 de junio. Después de intensas consultas con sus homólogos japoneses en las siguientes 72 horas, Rubin & Co. acordó una compra de yens por valor de 2.000 millones de dólares.
"El mayor ímpetu fue la creciente ansiedad en Asia según se hundía el yen en las primeras dos semanas de junio. Los representantes chinos estaban especialmente alarmados porque temían que sus planes económicos grandiosos quedarían desechos debido a un yen tambaleante. Los chinos empezaron a presionar en privado a los EE.UU. para que intervinieran antes de la llegada de Clinton a Pekín el 25 de junio. 'Los chinos se han estado quejando de que no hemos hecho suficiente para parar la depreciación del yení, lo cual vuelven las exportaciones chinas menos competitivas, dice un alto funcionario de la Administración. Mientras tanto, declaraciones públicas mostraron que Pekín se estaba preparando para su propia devaluación. Fuentes chinas indican que funcionarios del Ministerio de Economía de Pekín calculan que un yen por debajo de 150 [dólares] significa el desastre y forzaría una acción defensiva". (BusinessWeek, 29/6/98.)
La perspectiva de una profundización de la crisis económica coloca la lucha de clases firmemente en el orden del día de China. Ya ha habido grandes movimientos. Según la agencia de prensa francesa France-Presse (Hong Kong):
"Han estado aumentando por toda China los alborotos esporádicos de trabajadores, según se extienden las reformas del gobierno forzando a las empresas estatales con pérdidas a producir beneficios o a desaparecer. Se ha permitido que centenares de compañías en números rojos vayan a la bancarrota, y las restantes están despidiendo el exceso de trabajadores para incrementar su eficacia. Se calcula que este año el sector estatal se desprenderá de unos 11 millones de puestos de trabajo en las ciudades".
La misma fuente declara que "Cientos de obreros jubilados de una fábrica estatal en la ciudad central de Wuhan marcharon ante su antigua empresa el martes para protestar por sus pensiones no pagadas. La oficina del director general de la Compañía Metalúrgica Número Uno de China negó que hubiera tenido lugar manifestación alguna, pero un guardia de seguridad le dijo a AFP que entre 100 y 200 personas se reunieron delante de la fábrica. Dijo que a estos ex obreros, la mayoría pensionistas, se les permitió reunirse con cargos de la compañía antes de que pudiese desarrollarse una protesta ruidosa y que se marcharon casi tres horas más tarde. Un empleado jubilado que prefirió no participar, Li Qingrong, dijo por teléfono que en la manifestación habían participado unos 200 trabajadores. El hombre, de 71 años, dijo que en los últimos tres meses, la compañía le había enviado sólo parte de un pago mensual (300 yuanes) en lugar de 400 yuanes (48 dólares) por mes".
El descontento de los trabajadores es extenso, aunque existe una conspiración de silencio sobre esto en la prensa occidental. En un artículo titulado Disturbios Obreros implican a 100.000 trabajadores participando en disturbios en cuatro ciudades. Un periódico de Hong Kong describía verdaderos desórdenes y motines de trabajadores en Heilongjiang: "Desde el 25 de noviembre al 3 de diciembre, se han sucedido una huelga tras otras de los trabajadores y tenderos en las ciudades de Qiqihar, Jiamusi, Mudanjiang y Yichun en la provincia de Heilongjiang. Los huelguistas asediaron edificios de oficinas del partido y del gobierno, cerraron oficinas del comité del partido en la empresa y oficinas de ejecutivos de la fábrica, prendieron fuego a coches de funcionarios del partido y del gobierno y a vehículos de seguridad pública, asaltaron oficinas de seguridad pública, establecimientos de detención, aeropuertos, tomaron las torres de control de aeropuertos y demás. Incluso se enfrentaron a personal de la seguridad pública y policía armada que fueron enviados al lugar para reprimir las huelgas. Se informó de bajas en Jiamusi y Yichun".
Según un informe interno publicado por el departamento de seguridad pública provincial de Heilongjiang el 10 de diciembre de 1997, casi 105.000 miembros de la plantilla, trabajadores, cuadros y residentes de la ciudad participaron o estuvieron involucrados en el disturbio que estalló en las cuatro ciudades de Qiqihar, Jiamusi, Mudanjiang y Yichun, durante la semana del 25 de noviembre al 3 de diciembre. Los disturbios se volvieron motines y más de 70 personas resultaron heridas; 25 miembros del personal de seguridad pública y policía armada que se apresuraron a ir al lugar de los hechos para mantener el orden fueron asaltados y heridos por piedras, objetos metálicos, escopetas de caza y rifles. Cuatro de estos policías murieron como resultado de sus heridas. Este informe oficial no hacía mención de las bajas en el lado de los trabajadores, pero revelaba que un total de más de 150 personas fueron apresadas durante la semana de disturbios y motines.
El gobierno provincial y el Comité Provincial del PC chino de Heilongjiang observaron que había factores políticos que complicaban los disturbios y los motines, algunos de los incidentes habían sido "bien maquinados y organizados por elementos hostiles que habían penetrado furtivamente en las organizaciones del partido y del gobierno y otros habían sido fomentados por fuerzas foráneas hostiles".
El comité provincial del partido y el gobierno también señalaron que los disturbios se produjeron inmediatamente después de los despidos de personal que se llevaron a cabo como resultado de la reforma de las empresas, de corrupción entre cuadros empresariales, de estilos de trabajo inapropiados de algunos cuadros y de algunos incidentes contingentes como accidentes de tráfico. También atribuyeron los motines a "líderes locales del partido y del gobierno que pasaban por alto las condiciones complicadas de la comunidad local y su bajaron su vigilancia contra fuerzas hostiles latentes". En otras palabras, miembros del Partido Comunista se unieron o quizás dirigieron a los huelguistas. Esto confirma lo que siempre hemos mantenido: que, una vez que la clase trabajadora empiece a moverse, los estratos más bajos de la burocracia cambiarán de filas.
Otro informe señala que: "El 29 de noviembre, el personal y los trabajadores de la planta de locomotoras y la planta de procesamiento de madera fueron a la huelga y celebraron asambleas. Fueron apoyados por los obreros de otras siete empresas estatales en Qiqihar (de las cuales dos plantas de maquinaria pesada, dos de electrodomésticos y un complejo integrado de procesamiento lácteo que pertenecen al sector de comercio exterior). Más de 30.000 miembros del personal y trabajadores, junto con miembros de sus familias, se unieron a la huelga y participaron en las asambleas. Los obreros de algunas empresas corearon consignas como: 'todo el poder y la propiedad pertenecen al puebloí, 'abajo con el poder, la explotación política y económica y la opresióní. El personal y los obreros de la Planta Unificada de Procesamiento de Madera sellaron la oficina del director de la planta y el departamento de finanzas con tiras de papel. Irrumpieron en la oficina del secretario del comité del partido en la planta y le exigieron al director de la planta y al secretario del comité del partido que les entregasen una declaración detallando los gastos económicos de la planta. También se resistieron ante los oficiales de la fuerza pública que fueron a arrestarles. El enfrentamiento se prolongó desde las 13.00 hasta las 22.00. Los oficiales de la fuerza pública llamaron a la policía armada al sitio para mantener el orden y poner el área bajo control, y detener a los huelguistas. Unos 600 agentes de la seguridad pública y la policía armada se enfrentaron con caso 2.000 miembros del personal y obreros. Más de 20 personas resultaron heridas y más de 30 miembros del personal y obreros fueron detenidos. El 1 de diciembre la Planta Unificada de Procesamiento de Madera de Qiqihar no había reanudado la producción·”. (Hong Kong Cheng Ming, 1/1/98).
Esto es muy significativo, las luchas de los obreros chinos, a juzgar por estos informes, no sólo están aumentando sino que tienden a adoptar un carácter insurreccional. Los obreros y campesinos han pasado por la escuela del capitalismo y han sacado las conclusiones necesarias. Los obreros se oponen al capitalismo y a la burocracia: "¡Todo el poder y la propiedad pertenecen al pueblo!". Esta es la consigna de la revolución política en China. Tenemos que estar preparados para cambios bruscos y acontecimientos explosivos en toda Asia, pero especialmente en China. El desarrollo de las fuerzas productivas ha fortalecido enormemente al proletariado chino. Un movimiento revolucionario en China en las condiciones actuales no repetiría la misma situación de 1949 cuando la clase obrera era mucho más débil y todavía no se había recuperado completamente de las derrotas del pasado. El equilibrio de fuerzas de clase ha cambiado por completo. Si existiera un partido marxista en China, tendríamos la posibilidad de una revolución proletaria clásica en las líneas de Octubre de 1917, en la que el proletariado se pondría a la cabeza de los millones de campesinos. El potencial revolucionario de China quedó demostrado de manera tentativa en los acontecimientos de la plaza de Tian An Men hace casi una década. El movimiento heroico de la juventud fue derrotado porque no recibió a tiempo el apoyo activo de los obreros. La economía todavía iba hacia adelante y la burocracia dirigente todavía tenía un cierto margen de apoyo. Ahora todo eso ha cambiado. Un nuevo movimiento revolucionario de la juventud es inevitable, y esta vez no estará aislado. En cuanto se arme con el programa científico del marxismo, un movimiento de ese tipo será invencible. Una revolución política en China sacudiría el mundo entero. Pondría la revolución en el orden del día, no sólo en el resto de Asia, sino en Rusia y también en los países capitalistas avanzados. Por lo tanto, el destino de la revolución mundial está íntimamente vinculada al destino de China.
Indonesia y la revolución permanente
La discusión actual no tiene un carácter académico en absoluto, sino que es un tema candente para los desarrollos revolucionarios de hoy en día en el Tercer Mundo. La revolución ha empezado ya en Indonesia y este es un hecho de importancia decisiva, no sólo para Asia, sino potencialmente para todo el mundo. En el periodo tormentoso anterior a la Segunda Guerra Mundial, en diferentes momentos, Trotsky dijo que la clave para la situación internacional se encontraba en diferentes países: Alemania, Francia, España, etc. Insistió que toda la Internacional tenía que prestarle una atención especial a estos procesos, haciendo un seguimiento regular, sacando las conclusiones políticas, tácticas y organizativas necesarias pensando sobre todo en la educación política de los cuadros, pero también, hasta el punto en que fuese posible, para intervenir. En aquel momento, las pequeñas fuerzas del trotskismo eran débiles y se encontraban aisladas. La fuerza colosal del estalinismo a escala mundial bloqueaba en la práctica el acceso de los auténticos bolchevique-leninistas a los trabajadores y jóvenes más avanzados y revolucionarios que formaban parte de las filas de los Partidos Comunistas. Ahora, ya no es el caso. El colapso del estalinismo ha transformado completamente la situación. Los mejores elementos de los trabajadores y jóvenes comunistas están buscando ideas. Se esfuerzan por encontrar una vía revolucionaria y nosotros tenemos que ayudarles a encontrarla.
Durante décadas nuestra tendencia ha luchado por defender la bandera, el programa, los métodos y las tradiciones de la Revolución de Octubre y del bolchevismo. Tuvimos que luchar contra la corriente. Ahora, por primera vez, estamos empezando a nadar con la corriente. El hecho de que nuestras ideas estén consiguiendo un eco favorable entre comunistas en Indonesia incluso ahora, en una primera etapa de la revolución, es un indicativo de lo que será posible en el periodo que se abre ante nosotros. Lo importante que hay que entender es que esto no hubiera sido posible hace diez años. Es un síntoma de que toda la situación está empezando a cambiar a escala mundial. Nuestra tendencia debe de ponerse en un estado de tensión, debe de forzar todos los nervios, buscar y explotar al máximo toda oportunidad.
Es muy importante entender lo que la teoría de la revolución permanente significa en la práctica y qué consignas concretas deberían de plantear los revolucionarios en estas condiciones. Por otro lado, es importante defender las consignas y reivindicaciones democráticas (como el PRD está haciendo correctamente). Pero al mismo tiempo, la tarea principal debería ser la de explicar que la burguesía nacional es totalmente incapaz de realizarlas. Los trabajadores y la juventud deben de ser educados en un espíritu de oposición implacable a la colaboración de clases, de desconfianza a los políticos burgueses de la "oposición" por muy radicales que suenen y de luchar por una línea revolucionaria proletaria independiente. Por supuesto, será necesario llegar a alianzas temporales por razones prácticas con fuerzas no proletarias. Pero estas serán principalmente la pequeña burguesía y el campesinado, no los burgueses liberales. En segundo lugar, la condición previa para cualquier acuerdo es el mantenimiento en todo momento de una política y un programa claramente revolucionarios. La consigna bolchevique siempre fue: "¡Marchar por separado y golpear juntos!" No debe haber bloques programáticos, ni mezcla de programas ni banderas. El único tipo de unidad que queremos es la unidad en la lucha. Quienquiera que esté dispuesto a luchar contra el suhartismo y el imperialismo, no en palabras, sino en la práctica, será bienvenido. Pero nosotros no cederemos en un sólo punto de nuestro programa para complacer a nadie y, al tiempo que apoyaremos incluso la más pequeña acción progresista de los demócratas pequeño burgueses, nos reservamos el derecho a criticar sus defectos, sus vacilaciones y reincidencias ante las masas. Sólo de esa manera podemos ayudarles a superar sus vacilaciones y a adoptar una postura democrática consistente.
¿Cuál es la salida para Indonesia?
Ni que decir tiene que un partido revolucionario en Indonesia haría agitación por reivindicaciones democráticas (legalización de todos los partidos políticos, sindicatos y organizaciones estudiantiles, el derecho de huelga, el rechazo de todas las leyes represivas, etc.), y como parte de esto haría un llamamiento por una Asamblea Constituyente a elegir democráticamente. Un partido revolucionario, al mismo tiempo que agitaría por estas reivindicaciones, empezaría a construir comités de acción (es decir, soviets con otro nombre), basados en cada fábrica, barrio obrero, pueblo y recinto universitario. Estos comités de acción elegidos democráticamente deberían de estar vinculados a nivel local mediante representantes elegidos y revocables democráticamente. Esta vinculación de los comités tendría que llegar finalmente a un nivel nacional, convirtiéndose así en un contra poder al poder oficial existente, sea el gobierno de Habibie o un gobierno de la oposición burguesa democrática. La constitución de comités (soviets) es clave porque sin ellos las masas no pueden expresar de una forma directa e inmediata los cambios en su conciencia política, su frustración creciente por la incapacidad de los políticos burgueses democráticos para resolver sus necesidades más urgentes: comida, tierra y trabajo.
Al mismo tiempo, exigimos la expropiación inmediata de la riqueza de Suharto, su familia y todos sus compinches y colaboradores, incluyendo aquellos que ahora tratan de vestirse de "demócratas". Tal reivindicación conseguiría un eco inmediato entre las masas, no sólo de los trabajadores, sino también de las masas de campesinos, clases medias e, incluso, gente de pequeños negocios que han sido arruinados por la camarilla dominante. Más aún, significaría la nacionalización de la mayoría de la economía indonesia. Ni se planteará la cuestión de compensación. Estos parásitos ricos han saqueado y robado a la gente durante mucho tiempo. ¿Y por qué pararse aquí? Si la consigna de revolución democrático nacional significa algo, esto ha de ser una ruptura radical con el imperialismo. ¡Repudio de todas la deuda externa y acuerdos con el FMI! ¡Nacionalización de la propiedad de los imperialistas! Sólo un programa así puede empezar a hacer una realidad de la revolución democrático nacional. Cualquier cosa menos de esto significa vender el pueblo indonesio al imperialismo. Pero, en la práctica, tal programa significaría pasar de la revolución democrático burguesa a la revolución socialista.
En las condiciones de hoy en día, es imposible separarlas. Una lucha consecuente por reivindicaciones democrático nacionales lleva inevitablemente a la expropiación de los imperialistas y sus chicos de los recados en el país y, de esta manera, a la expropiación de los principales puntos de apoyo del capitalismo en Indonesia. Bajo el control y administración democráticos de la clase trabajadora, la nacionalización de los medios de producción sería la primera condición para poner fin a la crisis económica y así prevenir la catástrofe que amenaza a Indonesia. Esta es una cuestión de vida o muerte, ya que todos los comentaristas burgueses están de acuerdo de que en unos pocos meses, si no se imponen medidas drásticas, el gobierno de Yakarta se quedará sin dinero y las importaciones de comida se paralizarán.
Las reformas del gobierno de Habibie tienen un carácter fundamentalmente superficial y no tocan las causas de raíz de los problemas a los que se enfrenta el país. Las riquezas de la familia de Suharto sigue sin tocarse. Ninguno de los criminales responsables por las atrocidades del pasado han sido llevados a juicio. Los periódicos todavía tienen que pasar por la censura. Los prisioneros políticos todavía languidecen en la cárcel, aunque algunos han sido puestos en libertad. La cuestión nacional sigue sin resolverse. La oferta de Habibie al pueblo oprimido de Timor Este de un "status especial" ócomo Jakartaó es un insulto a las aspiraciones nacionales. Su líder, Xanana Gusmao, sigue en prisión. Sobre todo, la pobreza y la explotación de millones de obreros y campesinos sigue sin una perspectiva a la vista, excepto para más desempleo y hambre. Y Habibie simplemente sonríe a las cámaras y pide "más tiempo".
El "oposicionista" musulmán Amien Rais ya ha enseñado sus verdaderos colores y, en la práctica, está respaldado a Habibie. Por su parte, Megawati Sukarnoputri está esperando que el poder caiga a sus pies como una manzana podrida. Todos estos líderes no están haciendo nada para movilizar a las masas en la lucha porque están aterrorizados de un movimiento de masas. Podrían tomar fácilmente el poder, pero quieren quedarse fuera del gobierno tanto tiempo como les sea posible porque saben que no tienen un programa que resuelvan los problemas candentes de las masas. Los políticos burgueses pueden permitirse esperar, pero las masas no. La gente se verá enfrentada a desempleo de masas, pobreza y hambre. Los imperialistas, retirando su dinero, esperan enseñar al pueblo indonesio una lección y mostrarles quién es el jefe. ¡Un desafío serio, que exige una respuesta seria! Pero ninguno de los llamados líderes de la oposición burguesa está preparado a recoger el guante. La crisis económica empeora continuamente. En el primer trimestre, la economía se hundió en no menos de un 8,5 por ciento este año. The Economist (6/6/98) comenta que la divisa en proceso de colapso "ha obligado también a compañías indonesias a renegociar el pago de una montaña de 80.000 millones de dólares de deuda externa del sector privado", pero añade que "incluso después de que alcanzaran un acuerdo con sus acreedores el 4 de junio e incluso si el FMI, según se espera, reanuda pronto la distribución en pequeñas porciones de su fondo de rescate, la confianza no volverá de forma mágica. El sistema bancario todavía está en la ruina.
"Indonesia se enfrenta, de una forma particularmente mala, a una espiral descendente vista en Tailandia y, hasta un punto menor, en Malasia. Las tasas de interés son altas óen parte para detener más asedios a las divisas, en parte porque los gobiernos están cogiendo grandes préstamos para financiar las transfusiones de emergencia que están dando a los bancos enfermos. Altas tasas de interés y un fin a los créditos a su vez significa que más compañías son incapaces de devolver sus deudas. Así, los préstamos impagados a los bancos aumentan inexorablemente y los gobiernos toman control de más instituciones financieras, utilizando incluso más liquidez para mantenerlas vivas.
"Las cosas se ponen peor debido al reciente debilitamiento del yen japonés. Pone más presión competitiva en las divisas del sureste asiático, las cuales, con la excepción de la rupiah, no tienen ahora mejor situación que hace tres años. También despierta temores de que China podría devaluar. En un clima de nervios, el baht, el ringgit malasio y el peso filipino han empezado ha descender después de meses de relativa estabilidad."
La crisis general en Asia, a pesar de todas las predicciones optimistas, no muestra signos de recuperación. Al contrario. Como demuestra este extracto, empeorará en los próximos meses y, quizás, años, planteando la posibilidad real de una recesión profunda en Japón que sería la señal para una recesión a escala mundial. Semejante desarrollo tendría unos efectos sociales y políticos profundos por todas partes. Incluso sin una recesión, la crisis económica esta teniendo un efecto grave en todos los países de Asia, particularmente en Indonesia. La escasez de comida ya se está haciendo sentir en el este y pronto podría extenderse al resto del país.
¿Cuál es la política que está planteando el PRD (que es el nombre con el que funciona el Partido Comunista Indonesio)? En un comunicado de prensa del 25 de Mayo de 1998, es decir, después de que Suharto hubiera dimitido y hubiera sido sustituido por Habibie, el PRD, después de declarar correctamente que esto era sólo una maniobra y que las protestas no deberían terminar, planteó una serie de reivindicaciones:
Nosotros estaríamos de acuerdo con todos los puntos excepto con el 6, donde plantearíamos la idea de una Asamblea Constituyente democrática. La idea de una Asamblea Constituyente ha sido planteada de una forma confusa por el PRD bajo el nombre de "consejo independiente del pueblo".
El principal problema es que, dada la manera confusa en que plantean esta consigna, les lleva a cometer errores decisivos en los momentos claves. Los líderes de la oposición burguesa crearon una coalición llamada precisamente "consejo del pueblo", dejando así a los activistas del PRD sin una alternativa clara a la postura planteada por la oportunista "oposición" burguesa. La falta de claridad teórica de los líderes del PRD les llevó a hacer el siguiente llamamiento a los líderes de la oposición burguesa durante las manifestaciones de masas que culminaron en la dimisión de Suharto:
"A Megawati [Sukarnoputri, depuesta dirigente del Partido Democrático Indonesio], Amien Rais [cabeza de la organización musulmana de masas Muhammadiyah], Budiman Sudjatmiko [encarcelado presidente del PRD], Sri-Bintang Pamukas [encarcelado presidente del Partido Unificado del Desarrollo de Indonesia] y otros: Ya es hora de que ustedes declaren su disposición a sustituir a Suharto. Este debe de hacerse pronto porque el pueblo ya no quiere a Suharto y este está listo para dimitir". ¿Qué significa esto en la práctica? Que los líderes del PC están rogando a la oposición burguesa que tome el poder. Pero los acontecimientos han demostrado que ni Rais ni Sukarnoputra tienen prisa por tomar el poder, prefiriendo dejarlo en las manos de Habibie. La "oposición" está apoyando a Habibie, ese compinche reaccionario de Suharto, el cual, a su vez, está haciendo todo lo posible para proteger a su antiguo jefe y su familia, y para dejar intacto tanto como pueda del viejo régimen. Pero la masa de trabajadores, campesinos y estudiantes nunca aceptarán esto. No lucharon contra Suharto simplemente para ver la continuación del viejo sistema con unos cuantos cambios superficiales. Los líderes de la oposición burguesa están actuando como la tapadera de izquierda de Habibie, el cual representa la continuación del viejo régimen. ¡El PC no debe de actuar como una tapadera de izquierda para la oposición burguesa! Tienen que ser denunciados a las masas por el papel traicionero que están jugando. El PC debe de luchar para arrancar a las masas de la influencia perniciosa de la pseudo oposición burguesa.
Esta situación tiene paralelos sorprendentes con la revolución de febrero en Rusia. Las masas salieron a las calles y derrotaron el odiado régimen zarista, y la burguesía democrática se subió al vagón y formó el gobierno provisional. Este es un desarrollo normal en toda revolución. La burguesía intenta robarle a las masas los frutos de su victoria, obteniendo mediante el fraude y el engaño lo que el viejo régimen no pudo conseguir por la fuerza. Al comienzo de toda revolución, hay una fase de ilusiones democráticas, un tipo de carnaval en el cual el regocijo natural de las masas por el derrocamiento del viejo régimen es acompañado por una intoxicación general de frases y discursos democráticos que tratan de esconder la realidad de que, en lo fundamental, nada ha cambiado. Los antiguos explotadores y opresores del pueblo siguen en el poder y están moviendo los hilos detrás del escenario, maquinando todo tipo de complot y conspiraciones con los mandos del ejército, esperando a que las masas se cansen y caigan en la inactividad antes de llevar a cabo un golpe de Estado.
Todo esto es una característica bien conocida de las revoluciones. Pero es necesario que el partido revolucionario y su dirección permanezcan separados y al margen de esta farsa democrática y expliquen a las masas que el problema no ha sido resuelto, que todavía hay un trabajo importante por realizar. Lenin, cuando todavía estaba en el exilio en Suiza, tan pronto como oyó las noticias del derrocamiento del zar, telegrafió inmediatamente el siguiente mensaje a los Bolcheviques en Petrogrado:
"Nuestra táctica: absoluta falta de confianza; ningún apoyo al nuevo gobierno; sospechar en especial de Kerensky; armamento del proletariado la única garantía; elecciones inmediatas a la Duma de Petrogrado; ningún acercamiento a otros partidos".
Desgraciadamente, los líderes Bolcheviques en Petrogrado (en aquel momento, Stalin y Kámenev entre otros) no tomaron en cuenta el consejo de Lenin. Estaban borrachos de ilusiones democráticas, afectados por el ambiente general y los llamamientos constantes a la "unidad de todas las fuerzas democráticas". Contrario al consejo de Lenin, apoyaron el gobierno provisional burgués. De la misma forma, los dirigentes del PRD, no entendiendo la auténtica naturaleza y papel de los líderes de la oposición burguesa en Indonesia, les hacen un llamamiento a tomar el poder.
Afortunadamente, este no fue el final de la historia en Rusia. Lenin consiguió cambiar el curso del partido después de su llegada del exilio en abril de 1917, aunque sólo después de una dura lucha interna La política de los Bolcheviques desde ese momento fue la de "explicar pacientemente" a la masa de los trabajadores y campesinos que la única forma de conseguir sus reivindicaciones más inmediatas era que los soviets tomaran el poder y que no se depositara ninguna confianza en la burguesía liberal. Obviamente, este tema está en discusión dentro del propio PRD, como lo demuestra una declaración que emitió recientemente en respuesta a un intelectual de izquierda que estaba proponiendo un gobierno de transición de las fuerzas de la oposición y de los generales "democráticos" del ejército. En primer lugar, la declaración pregunta correctamente quién movilizó al pueblo.
¿Quiénes eran los líderes de las multitudes? ¿Quién las movilizó? ¿Amien Rais, Megawati o Gus Dur? ¿O fueron los activistas que habían estado luchando para comenzar distintas acciones con docenas de gente, que posteriormente se convirtieron en acciones de cientos, después en miles, después en decenas de miles, etc.? Eran muchos y los medios de comunicación no les dieron una atención amplia.
"Aquella gente, especialmente en Jakarta, estaban sin dirigentes. Por eso perdieron el rumbo y fueron provocados fácilmente hacia motines. ¿Acaso Amien Rais les dirigió para lanzar una acción pacífica, marchando hacia el edificio del Parlamento o al Palacio de Merdeka o a la emisora de radio nacional? ¿O Megawati, Gus Dur u otros individuos realizaron alguna de estas tareas?"
Estas observaciones son cien por cien correctas y van directamente al meollo de la cuestión. Si no fue la oposición democrático burguesa quien llevó a la gente a las calles, ¿por qué debería de confiárseles la dirección de las masas?.
"Así, pues, ¿quién debería de representar a esta gente en este gobierno de transición? Para mí, la gente tiene que elegir sus propios líderes. La única manera de hacerlo es con el establecimiento de consejos del pueblo desde el nivel de base (quizás el Kampung, el recinto universitario, la fábrica, las oficinas, etc.). Después de elegir a los líderes al nivel más bajo, estos pueden ir a un nivel más alto, etc., hasta llegar al nivel nacional. De esta forma surgirá un auténtico líder, es decir, un líder que es representativo desde abajo".
Este es un programa que apoyaríamos incondicionalmente y demuestra que dentro del PRD tiene que haber muchos activistas honestos buscando un auténtico programa revolucionario. Si el PRD adoptase un programa de no confianza en la burguesía liberal y empezase a crear comités en cada fábrica, universidad y vecindario, esto, con el tiempo, aumentaría enormemente su autoridad entre las masas, preparando las bases para una transferencia del poder a los trabajadores y campesinos, como pasó con el trabajo del Partido Bolchevique en el periodo de febrero a octubre. Es esencial que establezcamos contacto con esta capa tan pronto como sea posible para ayudar en el desarrollo de una corriente genuinamente revolucionaria, la cual, con las condiciones prevalecientes, podría adquirir rápidamente un carácter de masas.
El programa de reivindicaciones democráticas y por la nacionalización de la economía debería combinarse con un llamamiento internacionalista a los pueblos del Sudeste Asiático y al proletariado en occidente para defender la revolución indonesia. Esta es la segunda parte de la teoría de la revolución permanente. Trotsky declaró que el proletariado puede resultar victorioso en un país atrasado y, empezando con las tareas democrático burguesas de la revolución, pasar a las tareas socialistas. Pero, al final, la condición necesaria para mantenerse en el poder es la extensión de la revolución a los países industrializados avanzados. La crisis del capitalismo está creando condiciones favorables para la extensión de la revolución por toda Asia. En este proceso, la revolución indonesia es la clase. La dimisión de Suharto ha tenido un enorme efecto en toda la región e internacionalmente. El proceso será prolongado, pero una revolución victoriosa en Indonesia se extendería como el fuego por toda Asia, donde las condiciones a las que se enfrentan las masas en Tailandia, Malasia, Corea del Sur, etc., son muy parecidas y además tendría un efecto electrificante en occidente, especialmente si los trabajadores indonesios llegan al poder sobre las bases de una revolución proletaria clásica dirigida por un auténtico partido marxista con una política y perspectiva internacionalistas.
El PRD ahora ocupa una posición decisiva. Tiene los activistas que en realidad dirigieron el derrocamiento de Suharto. Este es un logro inmenso, pero sólo es la mitad de la tarea. La mitad más grandiosa está por lograrse. Para realizar esta tarea se requiere una cosa. El destino de la revolución indonesia depende de la construcción de una dirección leninista auténtica, armada con las perspectivas necesarias para la revolución. Nosotros nos basamos en una independencia de clase total. Cualquier otra política llevará inevitablemente a la vía del compromiso y en última estancia al naufragio de la revolución. Toda la historia de la revolución colonial, y especialmente de Indonesia, es prueba de esto. Por encima de todo, es necesario comprender las limitaciones de una revolución en un país atrasado, incluso de uno tan grande como Indonesia.
El destino de Rusia y China es una advertencia seria de lo que ocurrió con los intentos de construir el "socialismo en un sólo país". Es necesario preparar a la clase trabajadora para la toma del poder, pero también es necesario explicar que el destino de la revolución indonesia es inseparable de la perspectiva de revolución en el resto de Asia y a escala internacional. En 1848, sacando las conclusiones de la derrota de la revolución en Alemania como resultado de la traición de los liberales burgueses, los fundadores del socialismo científico, Carlos Marx y Federico Engels, emitieron un conmovedor llamamiento a los trabajadores, el cual retiene toda su fuerza. Este sigue siendo nuestra punto aglutinante y nuestra consigna de lucha de hoy:
"Pero la máxima aportación a la victoria final la harán los propios obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeño burgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser: la revolución permanente". (C. Marx y F. Engels, Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas. Obras Escogidas, vol. 1, p. 189.)